la única capaz de cambiar esa realidad: su Espíritu da aliento y vida donde solo había muerte y sequedad.
«Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar en vuestra tierra.» (Ezequiel 37:14)
¿Te has sentido alguna vez como esos huesos secos?
Cuando ya no hay sensibilidad, ni fuerza, ni movimiento, ni ninguna señal de vida, la persona ha llegado a su muerte: su exist. ya no es más.
Esta misma condición fue lo que vio el profeta Ezequiel cuando fue llevado por el Espíritu al centro de un valle lleno de huesos secos.
«¡Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y nosotros mismos estamos cortados de nuestra parte!»
(Ezequiel 37:11). Sin su soplo, no queda nada más que materia destinada a volverse polvo.
Mas ahí se manifiesta la obra de Dios,
Se dice que al cristiano no le sobra el tiempo, sino que le falta. Y es que, habiendo tantas cosas por hacer por el Señor: buscarlo, servir con amor, ayudar al prójimo, cuidar la familia, aportar a la sociedad, crecer personalmente y dar testimonio,
Antes bien, se usa para el Señor no solo en actos especiales o planificados, sino también y especialmente en lo cotidiano.
Por eso, el tiempo tiene un valor real; este no sobra y debe emplearse con claro propósito y verdadera utilidad. No se destina solo al propio bienestar,
Así Dios entrega al mundo este principio de adopción, para encontrar en Él la paternidad que nuestro ser desea y necesita, reconstruida solamente en Él y mediante su Hijo Jesucristo.
Dios como Padre nos enseña uno de sus principios que ejerce sobre la creación: el de adoptar.
«Adopción» significa herencia y pertenencia total. Quien es adoptado pasa a tener los mismos derechos que el hijo natural: nombre, casa, protección y herencia.
sino que recibisteis el Espíritu de adopción de hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo».
Agar llamó al Señor que le hablaba: El‑Roi, que significa precisamente “Dios que ve” o “El Dios que me observa”. Porque nada pasa desapercibido ante Él, incluso cuando nadie más está presente.
mostrar una apariencia distinta ni mantener solo la cordialidad?
Esto, Agar de la Biblia, lo sabía muy bien. Cuando Dios le habló en el desierto, ella dijo refiriéndose al Ser que la observaba:
«Tú eres el Dios que me ve.» (Génesis 16:13)
Se dice que hay una versión de la persona que interactúa frente al público, y otra muy distinta que se desenvuelve dentro de su propio hogar. Esto nos lleva a pensar que, muchas veces, la verdadera personalidad sale a relucir precisamente entre esas cuatro paredes.
¿quién eres realmente cuando estás solo entre esas cuatro paredes? ¿En qué piensas cuando los demás solo alcanzan a ver lo exterior y no pueden ir más allá para examinar lo que circula en tu conciencia? ¿Qué miras, dices, escuchas y ves cuando ya no hay nadie a quien necesites