Perdonad mi opinión de extrema izquierda, pero pienso que la policía no debería partirle la nariz a una profesora jubilada de 68 años y 50 kg de un empujón mientras reclama mejoras laborales para educar mejor a tus hijos.
Recordad siempre que los funcionarios no son parte privilegiada de los trabajadores. Es que la Admón. Pública es LA ÚNICA que cumple estrictamente con todos sus derechos. Los empresarios de turno van a intentar reducir los derechos de los trabajadores al mínimo posible siempre.
Llamar privilegiados a los funcionarios es decir en abierto que consideras que las condiciones de los trabajadores son tan malas que para evitar que se vayan con el estado tienes que intentar empeorar lo que el estado da, no mejorar el puesto de tus trabajadores. 🫠🫠
Todos estos que hablan del despido libre para funcionarios:
1⃣ Eso destruiría su neutralidad: pasarían a servir al político de turno para no ser despedidos.
2⃣ Olvidan que acceden por mérito y oposición, el sistema más meritocrático que tenemos.
3⃣ Como siempre, prefieren bajar el listón de los que tienen algo de protección, en vez de subir el listón de los que están precarizados.
No quieren "mejorar" el Estado. Quieren reforzar su cortijo.
Hay gente que dice que:
⭕️Si cobras un subsidio, después de haber estado trabajando durante 30 años, eres un PARÁSITO.
⭕️Si vives de alquilar los pisos que has heredado, sin dar palo al agua, eres un EMPRENDEDOR.
Es curioso que mantengamos una jornada laboral que tiene más de cien años, pero con más tecnología, más "progreso" y más "recursos", y aún así seamos cada día más pobres y ellos más ricos. El capitalismo extractivista que tanto le gusta a los colegas occidentales:
Lo que dice Tamayo es interesante porque no discute exactamente lo que sus críticos le están diciendo.
Hace algo más astuto. Cambia el terreno de juego.
Viene a decir que su documental no es una explicación completa de la crisis de la vivienda, sino una denuncia de cómo el sector inmobiliario puede tratar a familias reales como simples números.
Es decir, no quiere hablar de oferta, demanda, licencias, suelo, vivienda pública o inseguridad jurídica. Quiere enseñar la deshumanización de un sistema sobre algo tan necesario como es una casa.
Y ahí tiene razón. Hay algo profundamente inquietante en que un edificio con vecinos se convierta en una operación financiera.
No es nada agradable escuchar que una familia pase a ser una renta actualizable. Que un hogar sea descrito como una unidad en rentabilidad. Que la vida de la gente aparezca subordinada a una hoja de cálculo. Eso existe y conviene verlo.
El problema es que Tamayo pretende quedarse solo con esa defensa.
Tamayo afirma que el documental no va de lo que dicen sus críticos, que no entra en cómo solucionar el problema de la vivienda, que solo muestra un sistema que "se nos ha ido de las manos".
Pero si haces un documental sobre vivienda en RTVE, en plena crisis nacional de vivienda, con un relato centrado en fondos, especuladores, edificios comprados y vecinos desplazados, no puedes fingir que no estás interviniendo en el diagnóstico público.
Aunque no digas explícitamente "la culpa es solo de los fondos buitre", estás orientando la mirada del espectador hacia ese culpable.
Y ahí aparece el problema de fondo de una parte de la izquierda española. Tiene el diagnóstico, el problema y el culpable antes de mirar la estructura material. Diagnóstico: Emergencia habitacional. Problema: Especulación. Culpable: Casero, rentista, fondo buitre, inversor, propietario, turista o cualquiera que pueda ocupar esa semana el lugar del enemigo.
El relato funciona porque toca una herida real. Hay jóvenes que no pueden emanciparse. Hay familias que dedican medio sueldo al alquiler. Hay trabajadores que no pueden vivir cerca de su empleo. Hay barrios donde el vecino de siempre empieza a sentirse extranjero en su propia calle..
El gran error de la izquierda no está en decir que la vivienda es una necesidad básica. Nadie vive dignamente sin techo. Nadie forma una familia desde la incertidumbre permanente. Nadie construye futuro si su nómina desaparece cada mes en un alquiler.
El error está en creer que una necesidad básica deja de obedecer a restricciones materiales por ser moralmente urgente.
El pan también es básico, pero no se arregla prohibiendo al panadero ganar dinero. La electricidad es básica, pero no se arregla insultando al técnico que mantiene la red. La vivienda es básica, y precisamente por eso necesita suelo, producción, inversión, construcción, seguridad jurídica, oficio, transporte y continuidad.
Aquí está el tabú que el documental roza, pero no termina de afrontar. Faltan viviendas donde la gente necesita vivir. Faltan en las grandes ciudades, en las zonas turísticas, en las áreas de empleo y donde el suelo se ha convertido en una guerra administrativa, ideológica y económica.
Si se forman más familias que casas, si la población crece en las zonas tensionadas, si las licencias se eternizan, si hay poca vivienda pública, si el alquiler estable se vuelve jurídicamente incierto y si el pequeño propietario empieza a tener miedo, el resultado no es misterio, es escasez.
Y la escasez no castiga al rico. Castiga al que llega tarde. Castiga al joven que busca un alquiler. Castiga al matrimonio que no supera el filtro del casero. Castiga al trabajador que se muda por empleo. Castiga al vulnerable al que nadie quiere alquilar porque la ley, intentando protegerlo, lo ha convertido en un riesgo para el rentista.
Esa es la paradoja que la izquierda suele evitar. Una política que dice combatir a los fondos que acaba fabricando el mercado perfecto para los fondos buitre.
Alemania subió el SMI de 1.621 € a 2.080 € en un año y ya está en 2.350 €. Irlanda pasó de 1.700 € a 2.200 €. Luxemburgo llega a los 2.700 € ajustándolos por inflación.
Pero en España planteas subirlo un euro y te salen mil lamebotas diciendo que el país se hunde.
Publicar esto un 1 de mayo es una burla a los trabajadores. A los trabajadores a cuya subida del salario mínimo os oponéis. A los trabajadores cuyo despido queréis abaratar. A los trabajadores cuya jornada laboral no quereis reducir.
Sinvergüenzas.
Si se pudiera acaparar oxígeno para especular con él, habría empresas dejándonos morir asfixiados mientras millones de imbéciles les aplauden al tiempo que se ahogan.
Las ayudas a colegios privados.
Las ayudas a la sanidad privada.
Las ayudas a los más ricos.
Las ayudas a los que tienen empleados domésticos.
¿Quiénes eran exactamente "los paguitas"?
Lo siguiente será:
Cada uno se paga la sanidad que puede.
Cada uno se paga la pensión que puede.
Cada uno se paga la educación que puede.
Y si no puedes pagarte nada, lo mejor es que te mueras pero dejando algo de dinero para tu entierro, que las funerarias también son privadas.