Y Flor Gimenez tuvo su merecido homenaje en el hipódromo que la vio nacer. La catedral de Mendoza recibio a su hija pródiga, entregó presentes en la competencia que llevó su nombre y sintió el calor de los suyos.
Flor sigue luchando y su resiliencia es un ejemplo para todos.
Yo no odio a nadie, ni siquiera me cae mal la gente que se portó horrible. Hace rato entendí que a veces las acciones de las personas tienen más que ver con ellos mismos que conmigo. Uno vive más tranquilo cuando perdona y sigue adelante.
A mi Palermo me hace llorar. Lo veo, recuerdo y lloro. Me hizo llorar estando en Boca y en la Selección. No sé como explicarlo. Es un ser totalmente angelado y especial. Es llanto de felicidad. De melancolia. De agradecimiento. De gratitud. Seguramente, son lágrimas de amor...