POR FAVOR DIFUNDIR, hay constancia de que Jesús Guedez está vivo bajo los escombros, se pudo comunicar por teléfono.
Se necesita que los rescatistas vuelvan hay lugar, EDIFICIO MAR DE LEVA en Caraballeda.
@LuisCarlos@Oscarztop@AndrewsAbreu@Naky@oavendano@agusantonetti
@nayibbukele POR FAVOR DIFUNDIR, hay constancia de que Jesús Guedez está vivo bajo los escombros, se pudo comunicar por teléfono.
Se necesita que a los rescatistas, EDIFICIO MAR DE LEVA en Caraballeda.
El ejército de Venezuela se desplegó mejor y más rápido para proteger la estatua de Chávez que para ayudar a la gente después de la tragedia más grande de nuestra historia.
Aun así, Maduro seguirá comiendo mejor que el promedio de venezolanos en hospitales públicos, universidades y colegios públicos, claro y por supuesto que en cualquier batallón de las FANB.
Es increíble que los militares venezolanos vean esto y sepan que algunos presos en otros países comen mejor que ellos en las guarniciones de Venezuela.
Este mensaje del Papa es el ejemplo perfecto del marketing emocional religioso: una retórica sentimental, llena de palabras bonitas, pero completamente vacía de contenido real.
Habla de “esperanza”, “amor” y “redención”, como si esas palabras pudieran tapar siglos de silencio, impunidad y abuso dentro de la misma institución que él representa.
Cuando dice: “ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre”, suena casi como un eufemismo cruel si pensamos en las víctimas de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Heridas que sí permanecen abiertas, no solo por el trauma, sino por la complicidad sistemática del Vaticano al ocultarlas, trasladar a los agresores y negar justicia.
Y luego remata con “no hay distancia que pueda apagar la fuerza del amor de Dios”. Frase perfecta para una homilía... o para limpiar conciencias. Porque en la práctica, ese supuesto amor no alcanzó a proteger a miles de niños, ni a responsabilizar a los culpables.
El Papa juega con el sentimentalismo, apelando a la emoción para mantener la fe de los ingenuos, mientras su institución sigue encubriendo lo que él llama “caídas”. Pero no fueron caídas. Fueron crímenes.
El verdadero mensaje detrás de su discurso es claro: el perdón eterno de Dios se ha convertido en el escudo moral que justifica lo injustificable.
Y mientras el Papa predica sobre esperanza y amor, la Iglesia continúa repitiendo la misma lección hipócrita: todo se puede perdonar, menos dejar de creerles.
Lo primero que llama la atención es la ironía monumental: un sacerdote —representante de la Iglesia Católica, institución con un historial manchado de genocidios, cruzadas, inquisiciones, colonizaciones sangrientas, abusos sexuales sistemáticos a menores y complicidad con dictaduras— nos viene a dar clases sobre cómo alcanzar “paz, justicia y libertad”. Es como si un pirómano diera una cátedra de prevención de incendios.
El texto, lleno de citas rimbombantes y lenguaje medieval, básicamente repite la misma idea una y otra vez: “Sin Cristo reina Satanás, y sin Cristo nunca habrá paz”. Lo irónico es que la historia contradice eso de manera brutal. Sociedades profundamente cristianas fueron las más violentas y represivas de la historia: Europa durante las guerras religiosas, la España inquisitorial, América colonizada a sangre y cruz, y ni hablar de los abusos masivos silenciados durante siglos. Si eso era el “reinado de Cristo”, qué bendito infierno fue.
El sacerdote además hace un truco retórico barato, reduce la violencia y el caos social al concepto de pecado. Así, cualquier problema real —corrupción, desigualdad, crimen organizado, injusticia estructural— se minimiza y se explica como “la gente se alejó de Cristo”. Es un discurso perfecto para lavarse las manos: nada de análisis político, económico o social, solo la cantaleta de siempre: “si no adoras a mi Dios, todo es culpa tuya”.
Y claro, termina con la típica amenaza disfrazada de ternura pastoral: “O militamos valientemente por Cristo o reinan las tinieblas”. Es decir, si no piensas como yo, eres soldado de Satanás. Lo curioso es que mientras piden militancia católica, ellos mismos han callado y protegido a pederastas dentro de sus filas. O sea, quieren soldados para Cristo, pero ni siquiera pueden limpiar su propia casa.
El texto no es una propuesta seria, es propaganda medieval recalentada: chantaje emocional, dicotomías absurdas y amenazas disfrazadas de promesas. Lo que demuestra no es la verdad del cristianismo, sino el miedo que sienten de perder poder: si la gente deja de creer en su “reinado social de Cristo”, su negocio de siglos se queda sin clientes.