"Algo me enseñó que hay que ser un poco egoísta con la gente, hay que aprender a no contar a cualquier común nuestros sueños, vicios, ni obsesiones, pensar muy bien antes de regalar una palabra o una nube y sobre todo cuidar las sonrisas sinceras".
Andrés Caicedo
Éramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el diálogo. Cada uno de los dos era el remedo caricaturesco del otro.