En Revista Espejo (@EspejoRevista) decidimos abrir la edición para que jóvenes y adolescentes pudieran contar sus experiencias en esta narcopandemia que se vive en Culiacán, Sinaloa
Sus historias son tremendamente fuertes.
Abro 🧵
Culichis en aprietos
"Sinaloa es tan inseguro que es muy seguro" es una frase que siempre solía decir cuando me preguntaban por la seguridad en Culiacán. Muchos amigos o personas que recién conocía se reían, pero para mí tenía sentido: la idea era que, mientras no te metieras con la mafia, nadie se metía contigo. Claro, había violencia y asesinatos, pero casi siempre entre ellos. Existía una especie de "código no escrito" donde las familias y sociedad en general no eran tocadas, y eso nos daba una falsa sensación de seguridad.
La realidad que vivimos hoy en Culiacán es muy distinta. Nos hemos dado cuenta, con toda certeza, de un secreto a voces: esa burbuja de paz que creíamos tener no venía del gobierno, sino del control total que los cárteles. La mala fama de la ciudad, podría hacer pensar al resto del país que estábamos acostumbrados a la violencia. Pero la verdad es que, hasta hace poco, Culiacán era una ranchito tranquilo. Podías salir a cualquier hora sin miedo, incluso de madrugada, cualquier día de la semana. Y les comento que como buen joven fiestero que fui, lo único que me preocupaba al regresar de noche a mi casa era toparme con un retén de alcoholímetro.
Ahora las cosas han cambiado. Ya no se puede ni ir al Oxxo con tranquilidad después de las 7 de la tarde porque la gente tiene miedo: miedo al despojo de carros, asaltos, y ni hablar de quedar atrapado en medio de una balacera, como en los tristemente famosos "Culiacanazos". Lamentablemente, esta situación ha sido la realidad para muchos estados desde hace años. Como dice la nueva presidenta, hay estados con más registros de violencia y asesinatos, pero para nosotros, este clima de miedo y control es algo nuevo.
Todo cierra temprano: restaurantes, taquerías, tiendas, el centro de la ciudad, los centros comerciales y el comercio en general. Ni qué decir de las escuelas, tanto públicas como privadas, que estuvieron cerradas la mayor parte de septiembre. Aunque muchas ya han vuelto a clases presenciales, algunas, como la UAS, entre otras universidades, siguen en formato online. El impacto no es solo en el día a día, sino también en la economía, ya que en una ciudad pequeña como Culiacán, con todo cerrado, todos salimos perdiendo.
No podemos seguir viviendo con miedo ni encerrados. El gobierno tiene la responsabilidad de garantizar nuestra seguridad, y no de dejar que los cárteles decidan cuándo y cómo podemos vivir en paz. Merecemos un Culiacán donde podamos vivir sin miedo.
Aquí un simple culichi con el sueño guajiro de que el gobierno haga su trabajo.
PD: Sigamos apoyando el comercio local.
DBM.
No es Semana Santa… tampoco son las 4 am. Son las 9 pm de un miércoles. Por primera vez en 3 semanas y media nos animamos mi esposa y yo a salir a nuestra taqueria favorita. Todo desierto, no hay vida nocturna y los negocios vacíos o cerrados. Duele verte así #Culiacan
Plebes! Como saben, las cosas en Culiacán no andan bien desde hace casi un mes y resulta que lo último que se compra en tiempos de guerra es arte 🥺.
Acudo a ustedes para rifar estas dos grandes fotografías para poder poner comida en la mesa.
¿Me ayudan compartiendo? ❤️🩹✨
Llevaba 5 años cazando esta foto. Cinco años cazando tormentas con el sueño de, en una de ellas, pudiera captar un arcoíris 🌈 y un rayo ⚡️ en la misma foto y ayer por la tarde lo logré, después de una tormenta que visitó Culiacán, Sinaloa, y que nos dejó mucha lluvia y vientos.