Todo se reduce a la cita de Favio que recordaron por acá:
"La obra es a partir de querer deslumbrar a tu mamá, a tu papá. Cuando perdiste esa potencia, la obra es nada más que el oficio. Yo ya no quiero deslumbrar a nadie".
Diego la hizo fácil: "Yo juego para vos, mamá". Y así.
En el 2014 perdimos esa final, pero al menos la vida dolía diferente, al otro día me iba al colegio, hablábamos del dolor todos juntos y en el recreo salías a boludear un rato, hoy me estoy levantando a las 5AM solo para laburar hasta las 18hs sin saber ni qué siento por dentro
A veces un futbolero dice, con modestia, "envidio a las personas que no les gusta el fútbol y se ahorran tanto sufrimiento diario". Yo no. A mí dámelo. Es la pulsión de muerte que te mantiene con vida.
Te mandan el Brasil vs. Japón para un lunes a las dos de la tarde, mientras nos tienen sin partidos un domingo a la tarde y noche. Lo bien que entraría ese partido en la depresión del gil trabajador. Necesito más anestesia, más opio. No me alcanza.
A comienzos de los ‘90, lejos del ruido y las cámaras, Diego Maradona y su familia eligieron veranear en el pequeño balneario "Marisol", en la costa bonaerense.
Estaba suspendido por doping y no podía jugar ni siquiera partidos a beneficio. Pero cuando lo invitaron a colaborar con el Centro de Día de Tres Arroyos, que ayudaba a personas con discapacidad, fue el primero en decir presente.
Allí conoció a Pedro Brendel, un chico con síndrome de Down que trabajaba en un negocio del pueblo. Diego lo invitó al partido, pero Pedrito, con total inocencia, le respondió:
- "Le tengo que preguntar a mi mamá".
Y fue el propio Maradona quien fue hasta su casa, tocó la puerta y esperó en la vereda a que Pedrito se bañara para poder ir juntos.
El mejor del mundo, el campeón del ‘86, el ídolo de millones... esperando a un nene para jugar un partido solidario.
Fueron juntos al estadio, Diego manejando, Pedrito al lado. Jugaron, recaudaron fondos y cerraron el día con un asado donde Maradona cantó el tango "Cucusita" y, con lágrimas en los ojos, dijo:
“Acá hay gente que trabaja por los discapacitados, que muchos creen que son inferiores, pero eso no es verdad.”
Años después, Pedrito comenzó a asistir al mismo centro de día que aquel gesto había ayudado a sostener: Caminemos Juntos.
Murió en 2019, pero el salón principal del lugar lleva un nombre que une para siempre dos corazones enormes:
Diego Maradona. Porque más allá de los goles, el Diego más grande fue siempre el que nunca dejó de ser humano.
Fuente: @terapiaredonda
La cantidad de centros de mierda que tiró este equipo que parecía haber reinventado el fútbol en la final de la Champions League. Qué hermoso es el fútbol, por favor.