La mochila que no se ve
Todos llevamos una.
Dentro guardamos cosas que casi nunca contamos:
miedos que disimulamos, despedidas que todavía duelen, días en los que levantarse ya fue suficiente.
Y salimos a la calle como si nada.
Por eso, antes de pensar que alguien exagera, que está distante o que podría poner un poco más de su parte, recuerda:
Hay batallas que no hacen ruido.
Y mochilas que pesan aunque estén vacías por fuera.
A veces, desconectarte también es una forma de cuidarte. No todo necesita una respuesta inmediata, no todo merece ocupar tu mente. Date permiso de bajar el ritmo, respirar profundo y disfrutar del silencio. La vida también sucede cuando dejas el teléfono a un lado y vuelves a encontrarte contigo.
Pon el mundo en pausa por un momento; tu paz también merece atención.
Te vas a desenamorar de mí. Muchas veces. Y no me importa. Yo no quiero que vivas enamorado de mi. Lo que me importa es que vivas eligiéndome. Aunque estés enojado, triste o agotado. Que aún así, acabe el día y digas: "Ella no sé por qué, pero ella. Mil veces ella".
El cómo te vas de la vida de alguien también importa y mucho. Las rupturas son procesos naturales pero exponerte a la indiferencia de quien ha compartido tiempo e historia contigo no lo es. Y sin duda las despedidas más dolorosas son aquellas en las que no ves lo que has significado para el otro porque quien se va no es la misma persona. La falta de reconocimiento del otro, cuidado y protección en la distancia es lo que deja cicatriz de verdad