Todos tenemos alguna forma de autosabotaje, y la mía es pensar demasiado. Darle vueltas a todo, analizar cada detalle e imaginar escenarios que quizá nunca ocurran. A veces mi mente convierte un pensamiento en una batalla interminable, cuando lo que necesito es aprender a soltar.
A veces, lo único que necesito es un abrazo reconfortante que me recuerde que no soy tan culpable como me hago creer. Un abrazo que me haga sentir que, a pesar de mis errores, hay alguien que me apoya y me acepta tal como soy.