@SoyVixen No sé quién eres pero una vez me pasó lo mismo, yo no pregunté al sacerdote, pero alguien me comentó después que a veces el sacerdote hace él mismo la penitencia que le correspondía al que se confesó.
SORRY IF THIS OFFENDS RESTAURANT OWNERS, BUT THIS HAS GOT TO STOP.
I sat down at a table last night, and there were no physical menus.
Just a laminated QR code taped to the wood.
I had to pull out my phone, scan the code, navigate a laggy menu website, put in my own order, and type in my credit card details.
A runner brought the food to the table 20 minutes later.
Then the digital checkout screen defaulted to a 22% tip prompt.
FOR WHAT?
You eliminated the host, eliminated the server taking orders, forced me to use my own mobile device and cellular data, and then asked for a 22% tip for order entry I completed myself?
THAT IS NOT A HOSPITALITY EXPERIENCE.
THAT IS AN UNPAID CUSTOMER WORKFLOW WITH A FORCED TIP PROMPT ATTACHED.
¡Feliz Miércoles 30 de Septiembre!
“Jamas me ha pasado por la cabeza la idea de vengarme: He rogado y ruego por los que me denigran. Sí que alguna vez he dicho al Señor: ‘Señor si para convertirlos es necesario algún latigazo, dáselos también, con tal de que se salven’.”
Hoy en la mañana un borracho atropello a una señora que solo paseaba su perrito, hundirlo en la cárcel a esos desadaptados.
Definitivamente zonas como Merliot, Escalón, Zona Rosa y Santa Elena, es propensa a ese tipo de escenarios por los borrachos, sin contar las populosas.
¡AQUÍ CAYERON MUCHOS! ❗️
París los olvidó, pero León XIV no.
El Papa se detuvo en silencio ante una placa que casi nadie mira. Dice solo dos palabras en latín: "Hic ceciderunt": Aquí cayeron.
Aquí, el 2 de septiembre de 1792, unos 115 sacerdotes y obispos fueron asesinados durante las Masacres de Septiembre, tras negarse a renunciar a su fidelidad a la Iglesia.
¿Por qué los mataron? Por negarse a prestar juramento a la Constitución Civil del Clero, una ley que ponía a los sacerdotes bajo el control del Estado y que había sido condenada por el Vaticano.
Los encerraron en un convento carmelita y en menos de dos horas los masacraron turbas sedientas de sangre.
En total, 191 mártires, beatificados en 1926 por Pío XI.
El sábado, antes de su encuentro en el Instituto Católico de París, León XIV quiso rezar justo ahí, en el Parcours des Martyrs, donde más de 100 obispos y sacerdotes franceses fueron asesinados en 1792.
Francia quiso borrar a Dios con sangre. Hoy un Papa vuelve a ponerlos de pie con una oración.
¿Conocías esta historia?
Bendita sea tu pureza,
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tu graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada, María,
te ofrezco desde este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me olvides, Madre mía.
¿Sabías que el hombre que escribió casi la mitad del Nuevo Testamento, que levantaba muertos y que cambió la historia del mundo occidental, tenía un defecto personal tan frustrante que le suplicó a Dios que se lo quitara... y Dios le dijo que no?
Mira la escena, porque si eres de los que vive agotado tratando de tenerlo todo bajo control y te aterra equivocarte, esto te va a quitar una tonelada de peso de encima.
Vamos a 2 Corintios capítulo 12. El apóstol Pablo está abriendo su corazón. A pesar de todo su éxito, confiesa que tiene un "aguijón en la carne". Los teólogos han debatido por siglos qué era: algunos dicen que era una enfermedad dolorosa en los ojos, otros que era un defecto del habla o ataques severos de depresión. No importa qué era exactamente, lo que importa es que era una debilidad evidente, algo que lo limitaba, le daba vergüenza y lo hacía sentir incompleto frente a los demás.
Él hizo lo que cualquiera de nosotros haría. 2 Corintios 12:8 dice: "Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí". Pablo suplicó: "Señor, arráncame este defecto. Si me lo quitas, podré servirte mejor, seré un líder intachable, seré la mejor versión de mí mismo".
Pero la respuesta de Dios rompe por completo las reglas del éxito humano. El versículo 9 registra lo que le contestó: "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".
Dios no lo arregló. No lo hizo "perfecto" según los estándares de la sociedad. Básicamente le dijo: "Voy a dejar ese defecto ahí, porque si fueras impecable, creerías que el éxito es tuyo y no me necesitarías. Tu debilidad no es un obstáculo, es el escenario exacto donde mi poder brilla más".
Y aquí está lo que necesitas entender hoy si vives con la enfermedad del perfeccionismo. Si te castigas mentalmente durante días por un pequeño error, si sientes la presión asfixiante de tener que ser la madre perfecta, el profesional que nunca se equivoca, o la persona fuerte que siempre tiene que sostener a los demás.
Tienes pánico de que la gente vea tus grietas. Crees que tus debilidades, tus miedos o tus limitaciones te descalifican. Piensas que Dios y los demás solo aprueban tu versión editada, filtrada y sin errores.
Pero la Biblia nos muestra que Dios nunca ha contratado a gente perfecta. El perfeccionismo es una trampa del ego; te hace creer que tu valor depende de tu rendimiento. Tu "aguijón" —esa inseguridad, esa limitación, esa área de tu vida que por más que intentas no logras arreglar del todo— no es un defecto de fábrica. Es el ancla que te mantiene humilde y dependiente de Él.
Así que respira. Quítate de una vez esa armadura pesadísima de la perfección. Está bien no tener todas las respuestas. Está bien pedir ayuda. Está bien que la gente vea que eres humano y que a veces te cansas. Tu valor no depende de tu capacidad para no fallar jamás, depende de la gracia que te sostiene cuando lo haces. Abraza tu humanidad, porque es exactamente por el medio de tus grietas por donde entra la luz.
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Las lecturas de este lunes nos ponen ante una pregunta incómoda: ¿qué lugar ocupa realmente Dios en nuestra vida? Podemos cumplir muchas cosas y, sin embargo, conservar un rincón del corazón al que no queremos que Él entre.
1️⃣ Ezequiel recibe una palabra durísima. Dios convierte incluso su dolor personal en signo para Israel. El pueblo había puesto su seguridad en el templo, pero había olvidado al Dios que habitaba en él. También nosotros podemos aferrarnos a cosas santas y olvidar al Santo.
2️⃣ El salmo lo dice con una expresión estremecedora: «Despreciaste al Dios que te engendró». El gran pecado de Israel no es simplemente quebrantar unas normas, sino olvidar de quién ha recibido la vida. Cuando Dios deja de ocupar el centro, inmediatamente aparecen otros dioses.
3️⃣ Y esos ídolos no tienen por qué ser estatuas. Pueden llamarse dinero, prestigio, comodidad, afectos, éxito, seguridad o incluso nuestros propios proyectos. Todo aquello sin lo cual pensamos que no podríamos vivir corre el riesgo de convertirse en nuestro dios.
4️⃣ En el Evangelio aparece un hombre bueno. Cumple los mandamientos. Busca la vida eterna. Incluso desea algo más: «¿Qué me falta?». Y Jes��s no rebaja el Evangelio para conservarlo entre sus seguidores. Lo mira y le muestra precisamente aquello a lo que está encadenado.
5️⃣ «Vende tus bienes, da el dinero a los pobres… y luego ven y sígueme». Jesús no está haciendo simplemente una reflexión sobre la riqueza. Está hablando de libertad. Para seguirle de verdad hay que estar dispuesto a dejar aquello que ocupa en nosotros el lugar que solo corresponde a Dios.
6️⃣ Lo más triste del Evangelio no es que aquel joven fuera rico. Es que «se fue triste». Había encontrado aquello que buscaba, pero no quiso pagar el precio de la libertad. Prefirió conservar sus bienes antes que dejarse poseer por Cristo.
El Señor vuelve hoy a preguntarnos: «¿Qué te falta?». Quizá la respuesta esté precisamente en aquello que más miedo nos daría perder.
Porque la vida cristiana no consiste solamente en no hacer el mal. Cristo nos llama a algo mucho mayor: dejarlo todo interiormente para poder decirle, con un corazón verdaderamente libre: «Señor, Tú eres mi único bien».
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La tierra tiembla en distintos rincones del mundo y, con ella, tantas vidas. Personas que se van, familias que lo pierden todo, hogares llenos de recuerdos y futuros que desaparecen en apenas unos segundos.
Venezuela, Colombia, Indonesia, Granada… nombres distintos para un mismo dolor. Ojalá nunca olvidemos que, bajo nuestros pies, no existen fronteras. Somos la misma humanidad, frágil y pasajera. Cuando la tierra tiemble para uno, que el mundo entero sepa abrazarlo. Que cada tragedia nos recuerde que habitamos la misma casa. Seamos un solo mundo cuando más nos necesitamos 🙏
En 2013, una Hostia consagrada cayó al suelo en una iglesia de Polonia. Lo que ocurrió después es uno de los fenómenos eucarísticos más impresionantes de los últimos años.
La Hostia fue colocada en agua, siguiendo el procedimiento habitual.
Pasaron aproximadamente dos semanas.
No se disolvió por completo.
Apareció una zona rojiza que posteriormente fue analizada por especialistas.
Los estudios identificaron tejido compatible con músculo cardíaco humano, con características descritas como propias de un tejido en agonía.
En 2016, el obispo de Legnica autorizó la veneración de la reliquia, presentando el acontecimiento como un fenómeno con características de milagro.
Para un católico, esto no crea la fe en la Eucaristía.
La fe ya nos enseña que, después de la consagración, Cristo está verdaderamente presente: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Pero acontecimientos como el de Legnica nos recuerdan algo que fácilmente olvidamos: detrás de esa pequeña Hostia está Cristo.
Y si realmente lo creemos, nuestra forma de acercarnos a la Eucaristía debería cambiar por completo.
🙏✝️
El mundo nos ha convencido de que la batalla se gana con más dinero, más poder, más influencia o más ruido.
Pero el cristianismo siempre ha enseñado algo radicalmente distinto.
La batalla decisiva se libra de rodillas.
Cada oración sincera, cada Rosario, cada momento de silencio ante el Santísimo, cada acto de confianza en Dios es una victoria invisible contra el mal.
A nuestros ojos parece que no ocurre nada.
Pero mientras un hombre se arrodilla ante Cristo, el Cielo actúa. Dios fortalece el alma, rompe cadenas que no vemos y concede gracias que muchas veces solo comprenderemos en la eternidad.
Satanás no teme al cristiano que discute mucho. Teme al cristiano que ora mucho.
Porque una vida unida a Cristo vale más que mil discursos vacíos.
Si quieres cambiar el mundo, empieza por entrar en una iglesia, arrodillarte y hablar con Dios.
Ahí comienzan todas las grandes victorias.
🙏✝️
En los últimos días han llamado la atención dos imágenes.
Primero, el 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝘂𝗺𝗼𝘀 (Gironda, Francia), que permaneció en pie tras el devastador incendio que arrasó la zona.
Después, en el 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 (Italia), una escultura de Cristo tallada en un olivo muerto por la Xylella sobrevivió al fuego mientras el paisaje a su alrededor quedó reducido a cenizas.
¿Son milagros? La Iglesia siempre ha sido prudente antes de llamar “milagro” a un acontecimiento. Y nosotros también deberíamos serlo.
Pero sí hay algo que estas imágenes nos recuerdan.
El fuego puede consumir bosques, templos o esculturas. Lo que nunca podrá consumir es el mensaje de la Cruz.
Cristo no vino a prometernos una vida sin llamas. Entró Él mismo en el sufrimiento para vencer aquello que parecía tener la última palabra: el pecado y la muerte.
Ver un crucifijo en pie entre las cenizas es, al menos, una poderosa imagen de esa verdad: cuando todo parece perdido, la esperanza cristiana permanece.
Porque, al final, no es la madera la que sostiene a Cristo. Es Cristo quien sigue sosteniendo al mundo.
✝️🙏
Mons. Munilla ante la final del Mundial: No confundamos nunca un balón con el sentido de la vida⚽😇
El Obispo de Orihuela-Alicante (España), Mons. José Ignacio Munilla, reflexionó sobre los valores del deporte y el riesgo de la idolatría a las puertas de la final del Mundial de Fútbol 2026 entre España y Argentina. Afirmó que “el fútbol posee valores que merecen ser reconocidos” y recordó que la Iglesia “cultiva los valores espirituales del deporte”.
Sin embargo, advirtió que, precisamente porque el fútbol moviliza profundamente el corazón humano, también puede convertirse en un espejo de las contradicciones de la sociedad. “Una cosa es disfrutar del deporte y otra muy distinta convertirlo en una religión”, señaló. En ese sentido, afirmó que “nuestra época tiene una curiosa manera de fabricar santos, pero sin santidad”, en alusión a la admiración desmedida que reciben algunas estrellas del deporte.
Aunque aclaró que “no es malo admirar a quien ha desarrollado un talento extraordinario mediante el esfuerzo y el sacrificio”, invitó a preguntarse “¿quién ocupa el primer puesto en nuestro corazón?” y si “no hemos sustituido silenciosamente a los santos por los futbolistas”. Recordó que los santos han sido durante siglos modelos de humildad, misericordia, fortaleza y fidelidad, y planteó si los jóvenes conocen mejor la vida de grandes futbolistas que la de San Francisco de Asís, Santa Teresa de Calcuta, San Juan Pablo II o San Carlo Acutis.
El prelado también alertó sobre la idolatría hacia los deportistas: “Los ídolos son siempre de barro”, porque hoy son elevados y mañana pueden ser destruidos por un penalti fallido o un error personal. Además, cuestionó la enorme desproporción económica que rodea al fútbol profesional y recordó una frase del Papa Francisco: “¿Gritas un gol y no eres capaz de alabar con esa misma fuerza a Dios?”.
Concluyó con una invitación a no perder de vista lo esencial: “No confundamos nunca un balón con el sentido de la vida. Un campeonato puede llenar una plaza durante una noche, pero sólo Dios puede llenar el corazón para siempre”.