#ElBiólogoDeLaRevolución
...aunque sus pasiones eran botánicas y neurológicas no dejó nunca de cumplir con el deber, más humanitario que patriótico, de trabajar por el bien común investigando sobre las enfermedades de la miseria.
@migueldlacruz#LeoConElOnce@jorgecomensal
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El polvo de Dover fue el último consuelo químico de Ochoterena. Lo acompañaban su sobrino Héctor y su esposa Carmen. No tenemos registro de sus últimas palabras. Murió en la Ciudad de México el 11 de abril de 1950.
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La solidez de su vocación naturalista se impuso sobre las condiciones más adversas, y aunque terminó confundido por las polémicas científicas de su tiempo, su visión del mundo fue mucho más moderna y exacta que la de la mayoría de sus contemporáneos.
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...Ochoterena no encontró nada particularmente mexicano en el cerebro de sus compatriotas, como tampoco encontró nada visiblemente ucraniano, comunista ni revolucionario en el cerebro del señor Trotsky.
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“El Instituto de Biología, dentro de su modestia, dentro de su pobreza, dentro de su necesaria honestidad científica, enfoca de la mejor manera que puede los problemas nacionales que caen dentro del amplio dominio de la biología”.
@migueldlacruz
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Para ser alguien poco interesado por lo patológico,Ochoterena escribió muchísimo sobre tumores, infecciones y monstruos...en 1938 publicó...un curioso artículo de divulgación titulado “Los monstruos”. En él demuestra una monstruosa erudición teratológica
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Así, la ciencia revolucionaria podía sentirse orgullosa de uno de sus adalides, que logró sustituir costosos materiales de importación por una humilde tintura nacional...