@MotivacionesF Honestamente siempre he apoyado a la selección Argentina y lo seguiré haciendo. Ví solo los últimos minutos del partido, lo suficiente para ver la calidad del contrincante que fue Cabo Vede. Gracias por el espectáculo futbolístico, digno de un mundial.
DI ESTAS 3 ORACIONES AHORA MISMO:
1. Dios Padre, gracias por bendecirme cada día y permitirme bendecir a otros.
2. Dios Padre, gracias por darme tanta fuerza y eliminarme todos los miedos.
3. Dios Padre, gracias por atraer abundancia a mi vida y permitirme dar FE. Escribe AMÉN.
4 de julio
Actúa sin prisas. Poco a poco, pero con seguridad. Haz las cosas bien. Sienta unas bases sólidas sobre las que construir tus proyectos, tus relaciones y, en última instancia, tu vida. Cultiva la calma, la claridad y la paciencia. Y paradójicamente, lograrás más con menos.
@Contexto_Visual Gracias por lo que haces. Mi hermana es enfermera y da todo por cada paciente que asiste. Para mí la mejor de todas, la he visto ayudar para que quién está a punto de irse de este plano de Vida, lo haga Dignamente. tan hermosa labor, Dios les bendiga a los enfermeros y enfermeras
Mi nombre es Marco. Soy enfermero. Hoy… tuve que contener las lágrimas en silencio. Nadie lo notó. Nadie me preguntó cómo estaba.
Esta mañana acompañé a dos pacientes en sus últimos momentos de vida. Abracé a un padre destrozado mientras se despedía de su hijo. Horas después, ayudé a un anciano a lavarse el cabello. Me miró con unos ojos llenos de cansancio y, con una leve sonrisa, me dijo: “Al menos partiré de este mundo sintiéndome limpio.” Apretó mi mano con fuerza. Nadie de su familia llegó para decirle adiós.
Cada día entrego lo mejor de mí: cuidado, tiempo, escucha y humanidad. Pero, entre tanto dolor ajeno, muchas veces olvido tener compasión por mí mismo. No busco aplausos ni reconocimiento. Solo un gesto sencillo. Tal vez alguien que se acerque y diga: ���Oye, Marco… ¿cómo estás?”
Quizá eso bastaría para que, por un momento, no me sintiera tan solo.
¿Alguna vez te has preguntado cómo es dedicar la vida a cuidar de los demás y, aun así, sentir que nadie ve lo que llevas por dentro? Esta es una realidad que muchos profesionales de la salud viven en silencio.
Cuando haces daño a gente de buen corazón, no notarás una reacción inmediata, no se quejarán ni montarán ningún número. Cargarán con su dolor en silencio y continuarán siendo cálidos y compasivos. Pero en el fondo de sus corazones algo habrá cambiado. Empezarán a alejarse poco a poco, y no por venganza, sino por una clara aceptación de la realidad. Poco a poco se alejarán, sin dramas, pero sin mirar atrás. Son personas que confiaron en ti completamente y te valoraron con sinceridad. Cuando su confianza es traicionada, no se desmorona de golpe, sino que gradualmente se extingue, y se alejan para poner a salvo su paz interior. Seguirán siendo amables pero nunca te mirarán con los mismos ojos. La pérdida de un alma buena es algo irreparable. Aprécialos mientras estén ahí, porque una vez que se hayan ido, no volverán.
Mis abuelos estuvieron casados durante 60 años.
Un día le pregunté a mi abuelo cuál era el secreto para amar a la misma mujer durante toda una vida.
No se rio, no mencionó la comunicación, ni las citas románticas. Miró a mi abuela, que estaba allí en la cocina, y dijo:
«No amas a la misma mujer». Eso me dejó confundido, ¿sabes?
Entonces me lo explicó. Ella cambia cada pocos años. Y si no actualizas la forma en que la amas, la pierdes.
Me dijo que la chica con la que se casó a los 22 no era la misma mujer a los 30.
La maternidad la cambió. Las pérdidas la cambiaron. El tiempo la cambió.
A los 40, dijo que ella necesitaba más respeto que romance.
A los 50, necesitaba más complicidad que pasión.
A los 60, necesitaba más presencia que promesas.
Y cada vez que ella cambiaba, él tenía una elección: o quejarse de que ya no era como antes, o volver a conocerla.
Dijo que el mayor error que cometen muchos hombres es precisamente ese. Se enamoran una vez y luego dejan de prestar atención.
Amar a una mujer durante toda una vida, me dijo, es decidir seguir teniendo curiosidad por ella.
Es no asumir que ya la conoces. Es no congelarla en la versión que conociste.
Entonces, se recostó y dijo algo que nunca voy a olvidar:
"Si dejas de conocerla en algún momento, otra persona lo hará".
60 años. Y no porque fuera fácil, sino porque él siguió reaprendiendo quién era ella.
28 de mayo
A veces pesa
A veces escuece
A veces quema
A veces duele
A veces resta
A veces hiere
Pero ¿sabes? Cuando uno sabe lo que quiere
el trabajo duro es lo que más sueños concede.
Cree en ti
Esfuérzate
y verás cómo sucede
¡Lucha por tus sueños!
Air signs🪽, Just to remind you, you’re being heavily protected at this time. Especially if you’re confused on why certain things are happening/ending so suddenly, you’re being moved out of the way. Continue focusing on what brings positive energy and makes you happy. Bc there’s a family dynamic ending badly, a divorce coming , or businesses getting taken down for bad reasons.
Viví ocho años en el mismo edificio
sin saber el nombre del señor del 402.
Lo veía en el ascensor.
Buenos días. Buenas tardes.
Eso era todo.
Era mayor. Tendría unos 65.
Siempre solo. Siempre con la misma chaqueta gris.
Un sábado el ascensor se dañó.
Los dos quedamos esperando en el lobby.
Sin salida. Sin excusa para irse.
Nos sentamos en las sillas de la entrada.
—Qué pereza —dije.
—Peor para mí que vivo en el cuarto —me respondió.
Nos reímos.
Y empezamos a hablar.
Me contó que había sido ingeniero.
Que se había jubilado hace tres años.
Que su esposa había muerto el año pasado.
Que sus hijos vivían en el exterior.
Todo eso en cuarenta minutos de ascensor dañado.
Cuando por fin lo arreglaron nos despedimos distinto.
No con buenos días.
Con nombres.
—Jorge —me dijo.
—Sebastián —le respondí.
Desde ese sábado nos saludábamos diferente.
A veces parábamos a hablar un momento.
Me contaba cosas. Yo le contaba.
Un día me trajo un pedazo de torta.
—La hice yo —me dijo orgulloso.
—¿Usted cocina?
—Aprendí cuando me jubilé. Hay que hacer algo con el tiempo.
Me reí.
Hace dos meses me mudé.
El último día toqué su puerta a despedirme.
Abrió. Me miró.
—¿Se va?
—Sí, don Jorge.
—Qué pena —me dijo. Y lo decía en serio.
Me dio la mano.
La sostuvo un momento más de lo normal.
Manejé al apartamento nuevo pensando en los ocho años.
Ocho años de buenos días.
Sin nombre. Sin historia. Sin torta.
Todo ese tiempo un vecino que era solo una chaqueta gris
y resultó ser un ingeniero viudo que aprendió a cocinar
para llenar el silencio que dejó su esposa.
Hay personas enteras viviendo a metros de nosotros
que nunca conocemos
porque nunca se daña el ascensor.
17 de mayo
Escucha el silencio, tiene algo que compartirte
Escucha el silencio, tiene un consejo que darte
Escucha el silencio, tiene un secreto que confesarte
Escucha el silencio, tiene una respuesta para ti
¡Escucha el silencio! No te vas a arrepentir.