Mucho debate estos días sobre PCR y #HantavirusAndes
Pero para entender cuándo una PCR sirve (y cuándo no), primero hay que entender el ciclo biológico del virus dentro del cuerpo.
Porque una PCR no “detecta enfermedad”: detecta virus en un lugar y en un momento concreto. 🧵
@EFBarrioPilar
📢No hay excusas, vente y anima ... falta 1 punto para que la ESCUELA vuelve a la AUTONÓMICA 💚💪⚽️✅️
📆Sábado
🏟Vicente del Bosque
⏰️14.30
El Juvenil A logra dará todo
#VamosEscuela hastaelfinal💚
LO TENEMOS!!! Después de 3 días viajando por España, @Buffoneta se ha acercado desde su casa a la estación para avisar a seguridad.
Sigue habiendo gente buena en el mundo entre tanto ruido.
Gracias por compartir este viaje físico y emocional de mi iPad ❤️
Y ahora que llega marzo “el mes de la mujer” recordemos amiguitas que el desafio de la mujer moderna es que hay que trabajar como si no tuvieramos hijos, criar a los hijos como si no trabajáramos y tener el aspecto de como si no tuvieramos ni hijos ni trabajo….o no??
Ignacio García de Vinuesa, el economista de familia bien que narra su infierno con las adicciones: "Mi hijo, con seis años, era consciente de que tenía un problema" https://t.co/tkUv5YWs3I
Querido yo,
No sé si es la edad, los 64 recién cumplidos, o el hecho de llevar dos años jubilado. No sé si es porque el cuerpo se va volviendo más lento o porque la mente ya no tiene tanta prisa por huir. Lo que sí sé es que ahora, más que antes, las imágenes regresan. No piden permiso. Simplemente vuelven.
He pasado casi diecisiete meses en Ucrania en tiempos de guerra. Desde 2014, desde Crimea, desde aquella primera herida que muchos no quisieron llamar guerra, hasta la invasión a gran escala de 2022 que lo cambió todo. Volví una y otra vez. Crucé el país entero. Miles de kilómetros en cada viaje, todos los frentes, todas las direcciones posibles. Y en todas partes encontré lo mismo: miedo.
Recuerdo con claridad a aquel niño en el paso de Médyka, cruzando la frontera con una chocolatina en la mano, llorando y gritando. No entendíamos sus palabras, pero entendimos todo. Era miedo puro. Un miedo que nos atravesó el alma y se nos quedó dentro. Aquel instante fue el principio de algo que ya no se ha detenido.
He visto ciudades distintas y, sin embargo, iguales. Járkiv, Donbás, Jersón, Odesa. Cambian los nombres, cambian las calles, pero no cambia la angustia. La guerra tiene un lenguaje propio y se reconoce en todas partes: la sangre, el silencio tenso, las miradas perdidas.
He visto a un hombre recién amputado, sin piernas y sin un brazo, intentar mantenerse en pie con lo poco que le quedaba, intentando convencerse de que aún había futuro. He visto a una madre despedirse de su hijo militar sabiendo que no podía preguntarle cuándo volvería, porque quizá no habría respuesta. Y he visto llorar al propio soldado, porque sabía exactamente a dónde iba, porque ya había estado allí, porque conocía la trinchera, el frío, el miedo constante, el estómago encogido cada vez que una explosión caía un poco más cerca.
He sentido ese temblor por dentro. Ese intento inútil de pensar en otra cosa mientras las bombas caen. Esa breve alegría cuando sobrevives, sabiendo que no durará, que vendrá otra, y otra más. En otro pueblo. En otra ciudad. En el mismo país que se desangra despacio.
También he sentido la impotencia. La de contar lo que pasa y comprobar que no basta. Cuatro años después de la invasión a gran escala, la guerra sigue. No han sido suficientes las crónicas, ni las imágenes, ni el dolor compartido. Esa certeza pesa. Mucho.
Y, sin embargo, algo se mueve. Ver a unos y otros sentarse en una mesa me hace pensar que el final existe, aunque todavía esté lejos. Nadie ha conseguido lo que quería. Nadie gana realmente. Todos acabarán obligados a firmar una paz que tendrá que llegar a millones de desplazados, a quienes quieren volver y no pueden, a quienes esperan desde lejos.
Pero los primeros en celebrarla no serán ellos. Serán las familias de quienes siguen en la trinchera, mes tras mes, año tras año, sin relevos suficientes, esperando volver vivos. Para ellos, la paz será todo.
Sé que llegará. Tardará. Quizá uno o dos años más. Las guerras nunca terminan deprisa. Las negociaciones son largas, frías, burocráticas, y mientras tanto sigue muriendo gente. Lo he visto antes. Lo he vivido antes.
Hoy, quizá porque me hago mayor, la angustia se acerca más. Quizá porque deseo esa paz con una intensidad que antes no tenía. He visto sufrir demasiado. He visto llorar demasiado. Y ahora, después de cuatro años, todo eso regresa y pide descanso.
Ojalá llegue pronto. Ojalá pueda verla. Y ojalá, cuando llegue, pueda decirme que hice lo que pude, aunque no fuera suficiente.
Eso es lo único que deseo para Ucrania. Y, tal vez, también para mí.
Yo.
https://t.co/2WKwjjosuR
(Abrázame)
@laSextaTV Yo solo pienso en Yoselyn. En tantos niños como ella que se están quedando sin padres.
‼️ Difunde. Necesitan que sigamos contando este HORROR.
https://t.co/mJ21MrCbAD
Ya sé que el vídeo circula por distintos canales. Y quiero sumarme a ese coro.
Felicidades, Rosa, por ese premio.
Y gracias por estas palabras que suenan a conferencia magistral. Valientes en este país un poco enfermo.
Pero gente como tú aporta esperanza.
A petición de Mónica, y pidiendo disculpas por adelantado por los errores de traducción 🙏🏻 (no domino el lenguaje de hace 400 años 😅), os dejo el video completo subtitulado de Sir #IanMcKellen recitando "Thomas More" de William Shakespeare ❤️
#StephenColbert