Mi match perfecto es alguien que de lunes a viernes se rompa el alma trabajando igual que yo, que entienda el cansancio y las metas, y que el sábado quiera perderse conmigo sin explicaciones, a veces entre series y vino, a veces en un lugar elegante, a veces bailando en un rave escondido, alguien que no me quite paz, que la acompañe, y que sepa que también se construye descanso juntos.
Frente a mi edificio se mudó una pareja, él hace homeoffice, ella no.
Cada día, cuando llega la tarde salen al balcón a tomar algo y se pasan largas horas charlando.
Tal vez no se dieron cuenta, o sí, que eso que están viviendo muchos lo llaman: “felicidad”