Al fin y al cabo, lo único que realmente moviliza al ser humano es la pasión por quien lo atravesó profundamente.
La forma más genuina de expresar el amor.
Tiempos de agobio. El académico César Hidalgo hablaba de "batallas de vergüenza", donde no existen argumentos sino la idea de triunfar frente a los otros para humillar, ridiculizar, para producirles vergüenza pública. Estas prácticas se dan en los bordes del espectro político porque pueden silenciar el medio. Porque la vergüenza no busca el consenso, sino el ridículo, no busca ideas o razones, sino risas y lealtad. La vergüenza busca señalar con el dedo al lado opuesto, al unísono, con una engreída justicia, y convertirlos o silenciarlos mediante el ridículo en lugar de la razón. La guerra de la vergüenza es mayormente inútil. Mantiene a las personas en cada extremo juntas, pero no las mueve hacia el consenso. Buscan establecer barreras morales de lo aceptable; de lo legítimo y lo profano, pero no para marcar la diferencia, sino para aplastar la identidad contraria. Para reducirla a la nada. Negarla no sin antes hostigarla. Borran cualquier límite de la tolerancia. Son pura expresión autoritaria. Todo lo que duele a un sector es la celebración del otro.
Todo es risa hasta que recordas que este chiste es banalizar al “pelado” que renunció por financiamiento del narcotrafico según una investigación en EEUU
Hoy en Argentina votamos.
Reivindicar el voto es reconocer la fuerza de la diversidad de voces, el valor de que todos tengamos este derecho y la responsabilidad compartida de construir el país que merecemos. 🇦🇷
"Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro".
Isabel Allende