Parece broma, pero uno sale del trabajo y se va rápido a casa, con prisa, para no llegar más tarde. No por desesperación, sino por necesidad. Porque ahí está la calma que el día te quita, el silencio que acomoda el alma y el refugio donde el cansancio por fin puede descansar. Afuera uno cumple, resiste y aguanta; en casa uno suelta, respira y vuelve a ser. Y quizá por eso el corazón apura el paso, porque sabe que llegar es, en realidad, volver a vivir.
Por algo es La Sole. Humildad, talento y constancia. Cerró su show en Cosquin cumpliendo 30 años arriba de ese escenario que la vio debutar, bajo una intensa lluvia y con un bebé de siete meses que le acercó la gente, cerró cantando “brindis” a las 5:30 am.
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