Crecimos viéndolos correr sin descanso.
Uno persiguiendo, el otro escapando.
Hoy los vemos caminar lento, con bastón, y entendemos algo distinto:
la vida no era la carrera… era el tiempo compartido.
Uno va creciendo, y con ello envejece también el mundo en el que creció.
Los personajes, los sueños, las batallas, incluso las rivalidades, cambian de forma.
Al final, quizá no se trataba de alcanzar a nadie,
sino de recorrer el mismo camino