¿El algoritmo nos domina?
Hace días que solo hablamos del tema que el algoritmo nos impuso.
Los invito a que vayamos dejando de lado la ficción que se creó de la Argentina racista y la Europa multicultural y los EEUU de puertas abiertas para los inmigrantes y sigamos adelante.
Murió David Hockney a los 88. Fue uno de los artistas más grandes del último siglo. Era uno de los últimos genios que quedaba en pie. Su arte ilumina el mundo.
Nació en Bradford, en el oeste de Inglaterra, el 9 de julio 1937. En 1962, cuando se estaba por recibir en el Royal College of Art se negó a escribir el ensayo final con el que sería evaluado y la institución se negó a permitir que se graduase. Hockney hizo un dibujo que se tituló "El Diploma" y argumentó ante el RCA que un artista debía ser evaluado por su obra, no por sus conocimientos teóricos o sus opiniones sobre el arte y el mundo. El RCA se reunió, cambió las reglas de la institución, y finalmente le dio el diploma al alumno más brillante que tuvo una institución de alumnos brillantes.
La carrera de Hockney ha sido larga, bella, llena de momentos gloriosos. Estuvo en producción hasta sus últimos días, como Picasso: producir arte los mantenía en pie.
Vivió varios años en Los Angeles desde 1964 (intermitentemente estuvo allí unos 20 años y conservó una casa en la playa y otra en las montañas y el desierto durante décadas). La vida en California y el haber asumido desde muy joven la homosexualidad (cuando era un tabú con el que era difícil vivir en sociedad) influyeron positivamente en su obra, que incluye varias series pinturas de paisajes y personajes californianos, pintados con una paleta vibrante. Una de esas obras, "Retrato de un artista (Piscina con dos figuras)", de 1972, fue vendida por Christie's en 2018 en más de 90.000.000 de dólares y así Hockney fue reconocido como el más caro de los artistas vivos (la foto que ilustra este tuit reproduce esa pintura).
A lo largo de una carrera que abarca unos 70 años de producción Hockney ha realizado una obra gigantesca y siempre iluminadora. Constantemente ha cambiado de paradigmas y, a la vez, se mantuvo fiel a su estilo. Fue pop en sus comienzos (de los primeros pop del mundo, los británicos, que comenzaron el movimiento ante que los norteamericanos) y siguió siéndolo hasta el final aunque ya hacía décadas que no se preocupaba por la imagen pop, sin embargo, el espíritu sobrevivía en sus telas.
Me encantan los retratos que realizó, en especial de sus amigos y mecenas. Sus retratos de los 70 son uno de los puntos más alto de una obra que no tiene puntos bajos. En los últimos 20 años se dedicó especialmente al paisaje, tanto urbano -rincones de París, por ejemplo- como rural. Sus enormes telas (de hasta 12 metros de largo) de paisajes campestres de Inglaterra, de pequeños bosques, de campos en primavera, son bellísimos.
Se ha ido el último genio universal. Fue amigo de Julian Freud, de Francis Bacon, de Andy Warhol y muchos escritores, entre ellos William Burroughs y Allen Ginsberg.
Aunque no era "popular" fue muy conocido en el mundo cultural pop y se lo menciona o aparece en la trama de grandes series: por ejemplo, en el episodio 3 de la primera temporada de Los Soprano Tony discute sobre una piscina que se parece a una obra de Hockney, según dice; también está presente en la serie animada BoJack Horseman, en la que aparece el cuadro que acá reproducimos, pero con el personaje central de la serie tanto dentro como fuera de la pileta, para mostrar su carácter egocéntrico.
Hay un orden global que no aparece en los mapas. No está en los estados, ni exactamente en las corporaciones; está en el espacio intermedio que habitan las fundaciones, los think tanks, los programas de becas, las redes de filantropía estratégica. Lo llamamos tercer sector, como si la denominación lo volviera inofensivo. Pero ese tercer sector tiene una historia concreta: nació al ritmo del desmantelamiento del Estado de bienestar, se consolidó con el Consenso de Washington y le ofreció a una generación de intelectuales un lugar donde cobrar cuando los partidos y las universidades públicas retrocedían. Dime quién te paga, como escribió Margarita Martinez, y te diré qué podés pensar.
Jeffrey Epstein no fue una anomalía de ese mundo. Fue su expresión más descarnada. Un hombre sin patrimonio verificable, con acceso ilimitado a presidentes, científicos, príncipes y jefes de Estado, cuya red de influencia pasaba exactamente por donde pasa la de cualquier gran fundación. La diferencia es que en su caso el precio de admisión era otro. Que Epstein era un monstruo, eso ya está claro. Lo que todavía no lo está es qué nos dice su existencia sobre el sistema que lo hizo posible, sobre las instituciones que lo legitimaron y sobre los mecanismos de poder que siguen operando cuando nadie mira.
Cabaret Voltaire con @turquesazulada: Orden global, fundaciones y Jeffrey Epstein 🐦⬛
Escribe @corderoeditorok
"No llegás a fin de mes, no llegás al trabajo a horario, no llegás a cargar el celu, no llegás al chino porque cierra a las nueve.
No llegás. Estamos sin tiempo propio y así vamos organizando nuestros días. Salimos y no sabemos si volvemos.
Volvemos y no sabemos si salimos.
Esperamos el bondi y no sabemos si pasa. Pasa y siempre viene lleno. Para y no sabemos si subimos. Nos acostamos y no sabemos si dormimos.
Escribimos y no sabemos si nos leen. Leemos y no sabemos quién escribe".
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Dentro de 28 días se cumplen 50 años del Golpe de Estado que instauró la Dictadura de Videla y Martínez de Hoz.
Miles de desaparecidos, asesinatos, torturas, más de 10.000 presos políticos reconocidos en las cárceles, cientos de miles de exiliados. La guerra de Malvinas y el horror de los jóvenes mandados a morir, sin pertrechos ni comida suficiente, por una conducción militar imbécil y malvada.
La destrucción total de la industria y la reconversión retrógrada del país: ahí comenzó el proceso de destrucción de la escuela pública y de la salud pública, que hasta 1975 eran entre muy buenas y excelentes, y que hoy son entre aceptables y lamentables, con algunas pocas islas que conservan algo del antiguo esplendor y que Milei está atacando especialmente (el Garraham, las universidades públicas) para que no quede nada bueno de lo que los argentinos construyeron en sus mejores años.
El 24 de marzo el gobierno va a volver a defender a la Dictadura como ya hizo en los dos años anteriores. Volverá a mentir sobre datos y pondrá el eje en discutir boludeces como el número del horror (mostrando que realmente no les importa nada que secuestraran niños y hasta bebés, que violaran y torturan con un salvajismo que horroriza solo mencionarlo).
No olvidemos nunca este presente horrible en el que el gobierno reivindica a Videla, la tortura y la muerte.
Los pocos que sigamos pensando que es mejor la democracia, el imperio de la Constitución, instituciones republicanas sólidas somos los que daremos testimonio ante la historia del horror padecido no solo hace medio siglo y durante los muchos años que duró la Dictadura sino de la reivindicación y el festejo por gobierno actual, que se considera, con razón, su mejor heredero.
Sócrates, Buda, Jesús, Pitágoras y Diógenes no escribieron.
Giorgio Colli, en El nacimiento de la Filosofía, dice que los sabios no escribían porque pensaban que el pensamiento era tan dinámico que al fijarlo se lo traicionaba.
Los filósofos (amantes de los sabios) escribieron.
Hace más de 400 años Shakespeare ya les respondía a los más inhumanos de los actuales manifestantes contra los inmigrantes.
El arte sana y salva.
Es de lo mejor que pueden ver hoy en una red social (o en cualquier otra parte). El video está subtitulado.
@rayovirtual Quizás El fascismo al desnudo, documental de Mikhail Romm. Recuerdo haberlo visto en las madrugadas de Filmoteca con Peña en la TV Pública. Narra, bajo perspectiva soviética y en tono sarcástico, cómo se gesta desde lo cotidiano la transformación sociocultural del pueblo alemán.
El fascismo no aparece de la nada.
Surge del miedo de millones que optan por "soluciones" irracionales ante problemas que no ven resueltos.
Como dijo Brecht: "no hay fascista más fanático que un liberal asustado".
Trasímaco fue un sofista y retórico que conocemos porque es uno de los personajes de los diálogos de Platón (aparece en República, Fedro y Gorgias) en los que se habla de lo justo y la justicia.
Trasímaco dice en República: "Lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte".
Agrega que las leyes humanas, las que producen las sociedades "son meras convenciones sociales que tratan de que los más fuertes y mejores no puedan prevalecer y por eso esas leyes fracasan".
Trasímaco resume que lo justo es aquello que el más fuerte ha instituido como tal en vista de defender sus propios intereses. Cuando esto sucede la ley se cumple. Si la ley busca limitar el poder del poderoso termina fracasando.
Trasímaco nos diría que lo que hizo Trump ayer es la prueba palpable que el ideal de Platón y de la cultura grecorromana de instaurar un mundo civilizado en torno a una idea de justicia que esté por encima del poder del más fuerte es falsa y siempre fracasa.
Trasímaco sigue en esto a Anacarsis el Escita, que es casi 150 años anterior. Anacarsis era amigo de Solón (con quien disintió cuando se discutió sobre la justicia y la ley en una sociedad civilizada).
Solón sostenía que los hombres cumplen los contratos cuando ninguno de los que los firman tiene interés en quebrantarlos, y al unir las leyes que él había creado con los intereses de los ciudadanos, él había hecho leyes que nadie tendría interés en quebrantar, ya que tendría más interés para ellos observarlas que desobedecerlas.
Anacarsis le reprochó a Solón la ingenuidad de creer que sus leyes iban a contener las injusticias y frenar la codicia de los ciudadanos, para lo cual comparó las leyes a meras telas de araña, que rompe cuando quiere el fuerte, poderoso o rico como un pájaro o un insecto fuerte, mientras que sufren su rigor los débiles, como mosquitos.
¿Tenían razón Sócrates o Solón sobre que existe algo justo que está más allá de la codicia de los fuertes o tienen razón Trasímaco o Anacarsis de que lo justo es "lo que conviene al más fuerte"?
Explico simple: con la reforma laboral, el gobierno mete la mano en la ANSES, le saca el 3% de la recaudación que aportaban los trabajadores (2.000 M de dólares x año), para armar un fondo con ¡los bancos! que servirá para echar a los trabajadores. Si, los laburantes se van a pagar su propio despido, a costas de los jubilados.
La literatura occidental comenzó por cima, por la perfección: La Ilíada y la Odisea.
Son dos poemas extensos adjudicados a un mismo autor. Hace 28 siglos que se discute si Homero existió y si escribió ambos poemas.
Los estudios más recientes y mejor documentados dicen que La Ilíada fue compuesta a comienzos del siglo VIII aC y la Odisea a fines de ese mismo siglo (posiblemente con unos 40 o 50 años entre una y otra). Eso hace más difícil pensar que un mismo autor compusiera ambas porque en esa época vivir 70 u 80 años era algo muy excepcional.
Sin embargo es posible.
Lo que hace pensar que hubo un único autor y que ese autor fue el que la historia registra como Homero es la unidad estilística perfecta que tienen ambos poemas (cada uno en sí mismo y ambos al ser leídos juntos).
Según los estudios homéricos las historias que se cuentan en ambos poemas -los más antiguos registrados en griego- ya circulaban antes de que se compusieran esas dos epopeyas tal como quedaron fijadas en la transcripción que mandó hacer el tirano Pisístrato, aunque la división en cantos se remonta a la época alejandrina, posiblemente al siglo III aC.
Es decir, existía una larga tradición de poesía oral sobre la guerra de Troya y sus héroes (Ulises, Aquiles, Agamenón) que alguien -ese ser que llamamos el Homero del siglo VIII aC- recogió en dos grandes poemas monumentales y estos fueron cantados de memoria durante casi tres siglos hasta que hacia 510 aC, por orden de Pisístrato y pagado por el presupuesto de la ciudad de Atenas, se los copió en papiro por primera vez. Se contrató a los trovadores o aedos que conocían al poema y se puso a los mejores copistas a registrar los versos que ellos iban cantando. La tarea llevó un par de años.
Muchos dudaron que hubiera gente capaz de recordar casi 30.000 versos muy complejos de memoria. Pero en 1933 el filólogo norteamericano Milman Parry estudió a los guslari, unos trovadores analfabetos serbocroatas que recitaban de memoria largos poemas épicos eslavos acompañados por la gusla, un instrumento de cuerdas. Era una tradición que tenía más de seis siglos en la región.
Milman Parry los grabó y fue midiendo la cantidad de palabras y versos que un trovador analfabeto podía memorizar y descubrió que varios de los trovadores que registró memorizaban incluso más versos que la suma de La Ilíada y La Odisea, lo cual demostró por primera vez que las sociedades ágrafas podían tener poemas orales extensos que se transmitían de memoria durante decenas de generaciones.
Las copias originales de los poemas homéricos hechas en el siglo VI aC se han perdido. Solo se encontraron fragmentos de las copias de la Biblioteca de Alejandría del siglo III aC (la primera que divide al poema en Cantos).
La Ilíada y la Odisea tienen una estructura total absolutamente genial, como una gran partitura musical. Pero eso no impide que haya muchos pequeños momentos que son únicos y que perduran en la mente de Occidente como ejemplos de vida ejemplar.
Recordemos dos, uno de cada poema (ambos casi al final de los mismos):
Luego de que Aquiles matara a Héctor en combate humilla su cuerpo destrozándolo y lo deja expuesto a la intemperie para que se lo coman los buitres. Para un griego esto era lo peor que se le podía hacer a una persona ya que así no terminaba de morir jamás y no podía ir al infierno a descansar eternamente.
Quedaba como "alma en pena", vagando por toda la eternidad.
Príamo, rey de Troya y padre de Héctor (el hermano glorioso de Paris, el que raptó a Helena), se viste de mendigo con ropas rotas y sucias y con un bastón de viejo se acerca al campamento griego para pasar inadvertido. Así logra llegar a la tienda de Aquiles.
Ahí se humilla ante él, el que mató a su hijo y le pide por favor que le entregue el cadáver destrozado para que puedan hacerle los ritos funerarios que corresponden a un héroe, porque lo fue y porque es su hijo.
Aquiles, de 20 años, se emociona al ver a un padre que es rey y anciano (¿quizá 50 años?) humillarse ante él pidiendo por el cadáver de su hijo y se lo entrega.
Es la escena más emocionante de toda La Illíada, que concluye con los funerales de Héctor, el héroe troyano.
En la Odisea hay una escena similar.
Ulises llega a Ítaca luego de 20 años de ausencia (10 de la guerra de Troya, 10 viajando por el Mediterráneo hasta poder llegar a su patria). Está viejo, se disfraza de mendigo para entrar al palacio -que fue su hogar- y no ser reconocido, así puede ver cómo está la situación ahí antes de tomar alguna decisión.
Nadie lo reconoce. Ni siquiera los sirvientes que fueron más íntimos. El único que lo reconoce es su viejo perro Argos, que está enfermo en un rincón, rodeado de basura y estiércol. Argos se levanta vacilando, apenas si puede andar, y llega a los pies de Ulises lo lame, mueve la cola, lo mira con alegría y muere.
Es la escena que más me conmovió de todas las que leí en los miles de libros que leí en mi vida.
Argos era el único que realmente estaba esperando a su dueño-amigo, el único que reconoce a Ulises cuando regresa, el único fiel como solo un perro puede serlo.
Gracias Homero por haber homenajeado a todos los perros en uno solo, el hermoso Argos de Ítaca.
La imagen: "Ulises y Argos", 1885, obra de Briton Riviere (1840-1920)
La juventud no es algo que haya existido siempre.
Nació luego del fin de la Primera Guerra Mundial, se consolidó luego de la Segunda Guerra Mundial y tomó el poder en los 60.
A partir de los 90 la juventud fue bajando su edad de ingreso (ya no era el fin de la adolescencia -los 16 a 18 años- sino los 11 a 12). En el siglo XXI solo es joven el que tiene menos de 20, pero se sigue siendo adolescente hasta más de los 40 (entre muchos varones se sigue así para siempre).
Hasta fines de los años 50 (y desde el paleolítico, es decir, durante los últimos 100.000 años) el poder de la tribu estaba en manos de los adultos.
Adultos que podían tener 25, 35 o 45 años como máximo y que muchas veces tenían poco más de 16 o 18 años.
Los sapiens de hace 70.000 años vivían poco. Yukio Mishima imagina el Cielo y lo ve como un geriátrico lleno de desechos humanos que necesitan ángeles-enfermeros que les ayuden a comer, a limpiarse luego de ir al baño.
Imagina cómo debía ser el Cielo al que iban los griegos, los romanos y los samurais de la época clásica y lo ve lleno de jóvenes hermosos de 18 a 20 años, riendo por la alegría de ser eternamente jóvenes y saludables.
Hasta hace 70 años, ser adulto era la llave maestra para gobernar tu vida. El adulto imponía incluso el estilo de la vestimenta, de las costumbres diarias, de lo admitido y de lo intolerable. Y lo imponía sobre todos los demás, incluso los no adultos, hasta en los niños.
Los niños de clase media de los años 50 (yo tenía 5 años en 1959) íbamos de paseo a Harrods luciendo un trajecito de dos piezas (con pantalón corto, camisa clara, moñito y saco, como si fuéramos una copia en miniatura de nuestros padres). Los niños y los adolescentes (que se vestían igual, pero con pantalón largo, un signo de su paso hacia la mayoría de edad) no llevábamos sombrero, como sí hacían nuestros padres (y todos los varones mayores).
Pero en los 50 ya había un gran sector de los adolescentes y los jóvenes de 20 a 25 años que no quería vestirse como sus padres, que usaba campera de cuero y escuchaba rock&roll. No imponían la moda a todos, pero eran, sin saberlo, la avanzada de la toma del poder cultural por parte de los más jóvenes. Eso recién sucedería en los 60, tras la aparición de Los Beatles.
Los Beatles no solo fueron unos genios musicales que hicieron 300 canciones perfectas, sino que fueron la proa de la revolución cultural que aun sigue hoy, de manera más acelerada.
En 1960 la mayoría de los menores de 20 años se vestían en Occidente como sus padres y abuelos. En 1965 la mayoría de los menores de 20 años (y muchísimos de 25 también) se vestían ya con un código propio: jeans, camisas y remeras, pelo más largo, zapatillas, botas.
Pronto (en 1967-1968) el pelo sería mucho más largo, la ropa sería de colores y con flores, los adultos (gente de más de 30 años) diría que no podían distinguir a una mujer de un varón (exageraban, pero era lo que realmente sentían).
En los próximos 30 años la revolución joven no dejó de triunfar. Ahora de la mano de los expertos en marketing. Ya en los 90 estaba mal visto envejecer y más aun mostrarse como un viejo: la gente de 80 debía usar jeans y vestirse de forma tal que pareciera que odiaba la forma en que los viejos de antes se vestían. Hasta fines del siglo XX hubo viejos de clase media. Ya no existen más los viejos, justamente cuando gran parte de la población es realmente vieja.
En los 90 los expertos en marketing descubrieron que los nuevos padres (ex hippies o alguna de las formas de rebeldía juvenil de las décadas anteriores) se subordinaban en todo a sus hijos.
No sabían ni ponerles límites ni proponerles una forma de vida. No solo eso: la mayoría trataba -en especial, si se había divorciado- en adoptar la forma de vida y el look de los adolescentes y hasta de los niños.
Los primeros en introducir esta nueva tendencia ("hacer los productos pensando en gente de 12 a 15 años, y solo para ellos") fueron los estudios de Hollywood.
Los films que se pensaban para el público masivo se testeaban con chicos de 11 y 12 años. Por eso la mayoría del cine producido desde 1995 a hoy es para que lo entiendan los chicos de 10 años y si ellos no lo disfrutan se considera un fracaso, aunque sea El Padrino o Cantando bajo la lluvia o La dolce vita (filmes que Hollywood no podría ni imaginar en filmar hoy).
En el siglo XXI eso se aceleró. Paradójicamente en los últimos 25 años Europa y Japón han envejecido mucho y hasta en América (de Canadá a la Argentina) cada vez hay más gente de 60 años o más. Y cada vez menos niños. Pero cada vez más el estilo es infantil o adolescente. Incluso a los de 18 años ya el marketing los considera "viejos".
En un mundo en el que se fabrican más pañales para adultos que para bebés y más elementos para gente anciana postrada en su cama que mamaderas, el look tiene que ser infantil y solo se permite lo que los niños quieren: juguetes, juegos digitales, historietas (manga). La cultura adulta hoy es la infantil con una vuelta de tuerca (no muy compleja porque cada vez menos gente comprende o quiere algo complejo: a lo sumo -y les gusta mucho- un final que contradiga todo lo que supusiste en el desarrollo, tipo el final de "Sexto sentido").
No es un tema solo de marketing y look (lo que sería mucho, porque gran parte de la vida y de la cultura son imagen y deseo de parecerse), sino que la infantilización de la cultura es general: al igual que los niños pequeños ya la gente menor de 45 años no conoce ni le interesa la historia (ni siquiera tienen en cuenta que haya existido la historia antes de lo que ellos recuerdan como percepción personal individual).
Vivimos el reino de eterno presente, pero recortado en lo que cada uno siente y registra de ese presente. Un registro "individual" que, por lo demás y paradójicamente, está moldeado por patrones de época.
Hay dos o tres visiones (como mucho) del presente y la gente de 5 a 44 años tiene la "libertad" de creer en una u otra (si es muy "culta" conocerá una tercera alternativa).
Nunca la humanidad tuvo tanto conocimiento al alcance de la mano de cualquiera. Y nunca la inmensa mayoría (más del 85% de la población total) se negó tanto a conocer el mundo de manera tan obcecada.
Nadie tiene la "culpa" de que la mayoría de la población se haya infantilizado y esté viviendo la mayor crisis existencial y psicológica que se haya registrado jamás.
Fueron una serie de factores independientes que se juntaron para formar esta cultura. Casi todos esos factores son positivos tomados individualmente:
más respeto por la infancia, el surgimiento y entronización de la juventud, apreciación positiva de la cultura popular y masiva, etc.
El problema (si es que hay un problema) es que el conjunto de todo esto ha impuesto una nueva hegemonía tiránica: o eres cool y joven (no piensas históricamente, odias "la melancolía" de conocer el pasado y la sucesión histórica de los procesos) o sos un viejo meado, un nostálgico.
¿Qué va a pasar en 2050 -mañana, en términos históricos- cuando el 55% de la población mundial -con Africa que baja el promedio, pero también envejece- tenga más de 55 años?
Algunos países (los europeos, China, Japón, la mayoría de América, la Argentina muy probablemente) tendrán una media de más de 60 años: es decir, casi no habrá niños, pocos adolescentes, algunos menores de 40 y casi todos más de 60, con muchos cientos de miles cerca o pasando los 100 años. ¿Seguiremos entusiasmados con los jueguitos digitales, el manga, los Avengers? Una buena: habrá menos crimen violento.
¿La gente de 90 años que pueda caminar se vestirán como si tuvieran 15 años?
¿Alguien, que no sea un experto en historia, sabrá que existieron Egipto, Roma y la Edad Media, que hubo Guerras Mundiales en el siglo XX, que a comienzos del siglo XXI no todo el mundo tenía internet y que aun mucha gente leía libros (y sabrá qué eran los libros y qué era leer comprendiendo textos de 30 párrafos)?
Los cambios que hubo en los últimos 80 años (desde el fin de la Segunda Guerra Mundial) han sido de tal magnitud que aun no los estamos comprendiendo, pero los vivimos. Y los seguiremos viviendo.
Ahora viene la entronización absoluta de la inteligencia artificial, cuyo mayor peligro para los seres humanos no es que sea muy inteligente, sino que la mayoría de los sapiens somos muy estúpidos.
Es solo rock&roll, nene, pero me gusta.