Entonces, después de tanta soberbia, lo único que ganaron los argentinos fue el desprecio de gran parte del mundo por lo desagradables que fueron durante el mundial. Y para completar, se creen europeos y terminaron perdiendo contra los verdaderos europeos.
Messi no solo perdió la final. Perdió el respeto del mundo y se convirtió en uno de los deportistas más odiados de la historia por las ayudas cínicas que recibió la selección de Argentina para impulsar su imagen.
FIFA lo manchó para siempre.
¿Vieron al Messi de hoy?
Ese es el Messi que toda Europa vio a partir de 2016: caminando, intrascendente, con la mirada al suelo y más pendiente de reclamar que de marcar diferencias. Ese también era el Messi de Argentina hasta 2016, duramente cuestionado por su propia afición.
Después empezaron a organizar Copas América cada dos años y, finalmente, en 2021, entre polémicas arbitrales, consiguió su primera Copa América.
A partir de ahí llegaron los beneficios arbitrales que revitalizaron su carrera. Pero el costo para su imagen pública terminó siendo enorme: hoy es, para muchísima gente, el futbolista con mayor rechazo del mundo.
Y ni siquiera hoy, cuando el árbitro anuló un gol a España, les alcanzó para ser campeones. Eso pasa cuando enfrentas a selecciones de primer nivel.
Al final no solo perdió la Copa del Mundo; también perdió su credibilidad.
La vida es bella y justa.