Ya estamos muy grandes como para estar hablando mal de los demás, criticando, envidiando y sembrando odio. Por eso vayan a terapia, tomen agua bendita, abracen un árbol, vayan al mar, lo que sea pero SANEN.
Y dejen de incomodar.
Últimamente siento que estoy emocionalmente peor que nunca, y lo más extraño es que, si me preguntan qué me pasa, no sé qué responder. Son demasiadas cosas acumuladas, demasiadas preocupaciones y heridas que he ido guardando hasta quedarme sin fuerzas.
Para mí, una de las partes más duras de la vida adulta es descubrir que, aunque por dentro estés hecha polvo, las responsabilidades siguen esperando por tí.