Podría intentarlo, pero es un animal que pertenece a los callejones y basureros, siempre termina escapándose.
Eso sí, si sabe cómo atraer su atención, el perro le seguirá a casa.
Para el can, aquello significaba poco.
Tan sólo hizo falta aquella postura para que él se parase en dos patas y las delanteras use para aferrarse de ella.
Sin ningún tipo de cuidado, el culo de la albina fue invadido por aquella rojiza verga, hasta el nudo metió.
Era un chorro fuerte y abundante, digno de un can de sus dimensiones. Era su hembra ahora, oficialmente.
Tras terminar, la chica vería frente a ella el glande del can ¿Había tenido suficiente? Por supuesto que no.