—Ya, ya... Sé que es difícil que vivas si no te presto atención cada poco tiempo. Hay que regarte todos los días.
Continúa bromeando, conforme se incorpora sobre sus rodillas, y acaba apoyando el mentón en la curva de su cuello.
Y él, que se encontraba sentado al borde de la cama de Virgo, alzan una ceja cuando finalmente viene a él, tomándole con cuidado los antebrazos en unas caricias silenciosas y cariñosas.
—Estaba a punto de arrancarme el corazón, oh, Virgo.
Aw. Ya es casualidad, porque estaba a punto de pasar los brazos por sus costados y apoyar las manos en su pecho conforme le abraza desde detrás.
—Me ha dicho un genio de una lámpara misteriosa que me echabas mucho de menos y no podías vivir sin mí, así que, he venido para que »