Con su hijo en brazos, la mirada en el cielo y el corazón en su pueblo, así quiero recordar siempre a Carlos Manzo: con esperanza, con amor y con la sonrisa de quien nunca se rindió por su gente.
Te arrebataron la vida, pero no tu ejemplo.
Tu fe y tu valentía quedan grabadas en el corazón de Michoacán y de México.
Descansa en paz, mexicano valiente, que luchaste por la paz hasta el último respiro de tu vida.
Tu luz no se apaga.