Si no existiera la tauromaquia, no se extinguirían los toros, sino los toreros. Y eso no sería una pérdida, sino una evolución de nuestra ética como sociedad.
Entonces de mi boca salió un "ya no quiero saber nada de esa persona, debo alejarme" y fue raro porque yo siempre quise saber más, y siempre quise que se quedara en mi vida.