Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
El amor después de los 25 es distinto.
Ya no buscas emociones intensas ni juegos; buscas estabilidad, amabilidad y metas en común. Las mariposas pasan a segundo plano, y lo que realmente importa es la paz, la seguridad emocional y alguien cuyo futuro encaje con el tuyo.
La mayoría de las mujeres no lloran por el hombre, lloran por ellas mismas, por el esfuerzo que dieron, la esperanza que tuvieron, la ilusión en la que cayeron y el recordatorio de que el amor no las ha recompensado
Poca gente habla de lo agotador que es vivir entre “todo va a mejorar” y “ya no puedo más”. Es un cambio de emociones constante, pasando de la esperanza al desgaste en el mismo día, a veces en cuestión de horas.
se dice que existe una noche tranquila en la que aceptas que ya no hay nada más que hacer y decides soltar, pero para llegar a esa noche el precio es mil noches de llanto
Mi papá me dijo: “cuando una mujer se enamora de verdad de un hombre, la única persona capaz de arruinar ese amor es ese mismo hombre”. Tan real como cierto
Ninguna relación que funciona se construye solo sintiendo mucho. Las relaciones funcionan como resultado de un trabajo diario y recíproco: comunicarse, dedicar tiempo, ajustar el vínculo, afrontar la incomodidad de momentos que son complicados y cuidarse a pesar de no siempre tener ganas. Muchas personas llaman “suerte” a una consistencia que requiere invertir un esfuerzo continuo que no es fácil. Y que tampoco están dispuestas a asumir
Las relaciones implican ajustarse mutuamente, no que una de las partes termine amoldándose por completo para sostener a alguien que desea quedarse sin asumir el costo real que todo vínculo exige: CAMBIAR.
Puedes querer a un hombre con el alma, pero si él sigue repitiendo lo mismo que duele, tarde o temprano te apagas. El cariño no compensa la falta de cuidado.
La que cuida también necesita que la cuiden.
La que da sorpresas también necesita recibirlas.
La que piensa en todo el mundo también necesita que piensen en ella.