El verdadero poder no consiste en controlar a los demás.
Consiste en controlar tu ira.
Tus impulsos.
Tus palabras.
Tus deseos.
Tus decisiones.Un hombre que no puede gobernarse a sí mismo difícilmente podrá gobernar algo más.
Epicteto entendió algo que muchos descubren demasiado tarde:
Puedes perder dinero.
Puedes perder amigos.
Puedes perder estatus.
Puedes perder oportunidades.
Pero mientras conserves el control sobre tus decisiones, todavía tienes algo que reconstruir.
Julio César no necesitaba que todos creyeran en él.
Necesitaba saber hacia dónde iba.
Esa es una de las grandes diferencias entre un líder y alguien que busca aprobación:
uno toma decisiones;
el otro espera permiso.
No necesitas que todos sepan cuánto dinero tienes.
De hecho, cuanto más dinero construyes, menos necesidad tienes de demostrarlo.
La riqueza real suele ser aburrida: