Beatificado en 1992.
Canonizado por Juan Pablo II en el año 2000.
Su tumba en Chihuahua sigue recibiendo fieles.
Hoy es memoria obligatoria en México.
Viva Cristo Rey.
San Pedro de Jesús Maldonado Lucero (1892-1937).
Presbítero mexicano, mártir de la persecución religiosa en Chihuahua.
Ordenado en 1925 en El Paso, Texas. Su vocación se resume en una frase dicha siendo seminarista:
“Quiero tener siempre mi corazón en el cielo y en el sagrario”.
Llevaba hostias consagradas. Caen al suelo.
Un agente las toma y se las introduce en la boca. Escarnio.
Sin saberlo, le da la comunión.
Horas después, muere.
“Muero como muere un pobre sacerdote. Muero perdonando”.
En continuidad con lo que estoy advirtiendo estos días, aquí tienen un breve vídeo acerca del siguiente pasaje evangélico:
«Os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10, 16).
San Juan de la Cruz no inventó la “escalera al cielo”; la tomó directamente de la tradición mística anterior y la perfeccionó con su poesía y doctrina. La metáfora de la escala (o escalera espiritual) es una de las más antiguas y universales del cristianismo, y varios santos y autores místicos la usaron antes y después de él, aunque con matices distintos.
San Juan Clímaco († 649)
El gran clásico
Obra: “La Escala del Paraíso” (en griego: Κλίμαξ = escalera).
Es el libro más influyente de toda la espiritualidad oriental. Tiene exactamente 30 grados (como los 30 años ocultos de Jesús).
San Juan de la Cruz conocía y citaba esta obra (la tenía en la biblioteca del convento de los carmelitas descalzos).
En la Subida del Monte Carmelo y en la Noche Oscura se nota claramente la huella de los 30 grados de Clímaco.
San Gregorio Nacianceno (siglo IV)
Llamó a la vida cristiana “la ascensión por la escala de las virtudes”.
En sus discursos teológicos habla de subir de la carne al espíritu, peldaño a peldaño.
Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
Aunque no usa la palabra “escalera” con tanta frecuencia, describe exactamente el mismo itinerario en las Moradas del castillo interior:
1.ª a 3.ª morada = purificación de los sentidos (equivalente a la noche del sentido).
4.ª a 7.ª morada = purificación del espíritu y unión transformante.
En la 6.ª morada habla de “vuelos del espíritu” y “heridas de amor” que son idénticos a los grados altos de la escalascalera de San Juan de la Cruz.
San Bernardo de Claraval (1090-1153)
En su tratado “De los grados de humildad y soberbia” presenta una escalera de 12 grados de humildad (subir = humillarse; bajar = orgullo).
San Juan de la Cruz invierte la imagen: en la Subida la escalera es de 10 peldaños (los 10 mandamientos y virtudes), pero con el mismo espíritu.
San Buenaventura (1217-1274)
En “Itinerario de la mente a Dios” (Itinerarium mentis in Deum) describe siete grados o etapas para subir hasta Dios: 1-2: por las criaturas; 3-4: por la imagen de Dios en el alma; 5-6: por los nombres divinos; 7: éxtasis místico.
La estructura es muy parecida a la de San Juan de la Cruz.
El Pseudo-Dionisio Areopagita (siglo V-VI)
Habla de la “jerarquía celestial” y de la ascensión del alma a través de tres vías: purificación, iluminación y perfección (unión).
Esta triada es la base de toda la mística posterior, incluida la de San Juan de la Cruz.
Santa Catalina de Siena (1347-1380)
En el Diálogo describe el “puente” (que es Cristo) con tres escalones grandes:
pies (afecciones desordenadas);
corazón (amor perfecto);
boca (unión sabrosa con Dios).
El simbolismo es distinto (puente en vez de escalera), pero la estructura ascendente y los tres grandes momentos coinciden con las tres fases de San Juan de la Cruz.
San Juan de la Cruz no inventó la escalera, pero la llevó a su expresión más poética y depurada, sintetizando toda la tradición anterior. Su famosa estrofa del Cántico espiritual («¡Oh llama de amor viva…!») y el dibujo de la Subida del Monte Carmelo (con la escalera estrecha y los 10 peldaños) son la culminación de siglos de mística cristiana.
🍞🍷🕊️
Cuando critico el liberalismo, me dicen comunista; cuando critico el comunismo, me dicen liberal. Los borregos dicotómicos de siempre me exigen que opte por un partido democrático.
Prefiero no escuchar a esta chusma y seguir los criterios tomistas del sabio padre Osvaldo Lira.
FELIZ DÍA DE LA RAZA
Hoy, día 12 de octubre, festividad de la Virgen el Pilar, patrona de la Hispanidad, conmemoramos la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo.
Nuestra patria, después de haberse forjado en una larga cruzada de reconquista, completada ésta el 2 de enero de 1492, este mismo año, con el antedicho descubrimiento de América, inició la nueva etapa que le había preparado la Providencia. España, al descubrir América, descubrió también su misión universal, causa final de su propia unidad de destino. Ella estaba llamada a ser, pues, la causa ejemplar y la orientadora espiritual del mundo cristiano. No nos equivoquemos; la esencia de España es el catolicismo, como lo subrayó formidablemente don Marcelino Menéndez Pelayo: «España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra».
Pues bien, del mismo modo debemos considerar que la esencia de la Hispanidad es idéntica a la de España, pues aquélla es el despliegue metafísico de ésta. Pese a que son muchos los que son reacios a hablar del Día de la Raza, yo lo sigo reivindicando; Ramiro de Maeztu no entendió su verdadero sentido, puede que demasiado influenciado por sus categorías mentales humanistas.
Aquí no me estoy refiriendo a una raza en sentido biológico y étnico. La raza tiene una significación más elevada cuando la entendemos como una estirpe de índole cultural y particularmente religiosa. En efecto, la Hispanidad es una raza, estirpe o familia espiritual y civilizatoria; sólo los mentecatos ignorantes pueden negar esto. Al respecto, no pueden disociarse estos dos términos, civilización y religión, pues son dos coprincipios que se implican y complican, habiéndose realizado históricamente en Hispanoamérica sobre todo, pero también, aunque en menor proporción, en Hispanoasia, Hispanoceanía e Hispanoáfrica.
La Hispanidad no es otra cosa que la cristiandad hispánica, y ésta está constituida por una estirpe basada en las verdades eternas del catolicismo, aunque desarrollada mediante la modalidad del genio español, o sea, de su cultura, idioma y costumbres.
En origen, la Hispanidad era el católico Imperio español; hoy éste no existe ni volverá a existir; debemos ser realistas, por mucho que esto duela a los más nostálgicos. Cuando, en el siglo XIX, dicho Imperio llegó a su ocaso y se desmembró en múltiples naciones, simultáneamente se desmoronaba, tanto aquí como allí, su fundamental y substancial cosmovisión católica; desde entonces, ya nada fue como era antes.
Por este motivo, me pregunto si actualmente podemos seguir hablando propiamente de Hispanidad, esto es, como una realidad no sólo fenoménica y abstracta, sino esencial y existencial. Perdónenme ustedes si a esto no respondo simplistamente con un sí o un no. Bajo mi punto de vista, tanto España como la Hispanidad, esto es, la España universal, están en estado terminal, a pesar de que no hayan fenecido todavía.
Si el catolicismo es el alma de España y de la raza espiritual que se proyectó allende el océano, pero este catolicismo da la impresión, en el momento hodierno, de estar en sus postrimerías, entonces parece que únicamente nos quedan algunos vestigios de la Hispanidad y una España, por cierto, que presenta sus últimos estertores en su palmaria dinámica suicida. Sabemos que existió la susodicha raza espiritual hispánica porque sigue, en las naciones hispanas, profesándose el catolicismo, aunque éste está ya muy debilitado, y más de 600 millones de personas en el mundo hablan el idioma español, a pesar de la torpe y vergonzosa subordinación existente respecto del idioma inglés.
Ahora bien, las ideas liberales, la leyenda negra, el odio antiespañol y la protestantización de América, por ejemplo, me hacen ver que dicha estirpe hispánica está en estado de descomposición. Por otra parte, el origen de dicha estirpe, España, no goza de mejor salud; el odio antiespañol parece, a veces, incluso menos furibundo allende que aquende el océano, y gran parte de los que aquí defienden España, lo hacen —seamos sinceros— desde la sensiblería estúpida y superficial propia del patrioterismo zarzuelero, como criticaba en su día José Antonio.
En fin, la Virgen del Pilar simboliza la columna vertebradora del catolicismo hispánico. Que ella, pues, ruegue a Dios e interceda por todas las naciones hispanas y por España, su fuente y origen, o sea, la fecunda madre patria, la cual engendró tantos hijos para Dios y su Iglesia, edificando, al mismo tiempo y sobre principios eternos, una civilización de carácter universal que tantos mártires, héroes, esfuerzos y sacrificios costó.
Desengáñense ustedes; España y la Hispanidad o serán católicas o no serán.
¡Viva la Virgen del Pilar!
¡Viva la España católica!
¡Viva la Hispanidad católica!
¿QUÉ ES UN TIRANO?
Los escolásticos nos dirían que es el príncipe que gobierna su república no en orden al bien común, sino atendiendo sólo a su propio provecho y capricho.
Asimismo, Francisco de Quevedo enseña lo siguiente: «Ser tirano no es ser, sino dejar de ser, y hacer que dejen de ser todos». Esta cita se encuentra en la obra quevedesca La política de Dios, gobierno de Cristo (II, cap. 16). Bajo mi punto de vista, ésta es la definición de tirano más profunda que he leído jamás, precisamente por su gran carga metafísica; he pensado en sacarla a colación, porque es digna de ser meditada y porque seguro que mis amables lectores la sabrán apreciar.
Después de saber cuál es la naturaleza de la tiranía, existe otra cuestión apasionante, consistente en saber si es lícito o no matar al tirano... Pero sobre esto ya escribiré en otro momento. Aunque el tema y sus condicionantes morales los tengo claros, basándome especialmente en santo Tomás y los escolásticos hispanos, hoy no me apetece lidiar con los mojigatos de turno, los cuales, si llegase a abordar dicha temática, apelarían, escandalizados, al quinto mandamiento, ignorando que éste únicamente hace referencia al homicidio del inocente.
Pero bueno, también es normal que ocurra esto; tanto en la cuestión de la pena de muerte como en la del tiranicidio, hoy existe una legión de católicos absolutamente intoxicados por las erróneas ideas ilustradas y liberales, que es de donde surge, por cierto, el fenómeno contemporáneo del abolicionismo.
En fin, no todo el mundo está preparado para este tipo de discusiones; ésta es la realidad que debo aprender a admitir con mucha paz, pero, con la misma paz, exclamo: sic semper tyrannis!
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Imagen ilustrativa: Retrato de Francisco de Quevedo y Villegas (Juan van der Hamen y León, siglo XVII).
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I've illustrated St. George three times now. One is a personal work, one commissioned for the Firebreaker podcast series, and one for Fr. Robinson's Common Sense Crusade.
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"La III Orden Secular de San Francisco de Asís, no es un Movimiento ni Cofradía ni Asociación.
Es una verdadera y propia Orden Religiosa.
El terciario franciscano debe ser considerado como Religioso en medio del mundo", dijo el Papa #LeónXIII terciario hijo de terciaria.