Que no se pierda jamás esa bonita costumbre argentina de decirle a alguien “tu amigo” para referirte a otra persona que a ambos les cae como el orto, como si fuese una afrenta en sí misma estar vinculado (aunque sea tangencialmente) con el susodicho.
Me adelanto a aclarar, porque nunca falta el compatriota con polimodal incompleto que no entiende ni quiere entender: siempre a favor de que siglos de violencia innecesaria hayan sido reemplazados por agravios con mucha fibra óptica de distancia, pero no estaría mal que boqueen menos o que agudicen el talento para la injuria si pretenden hacerse los picantes y no quedar como boludos.
- Tus antepasados en 1880: “Las expresiones que usted acaba de proferir contra la Nación Argentina constituyen una afrenta que mi honor me impide dejar sin respuesta. Quien ultraja a mi patria me ultraja a mí. No discutiré con usted aquello que corresponde lavar con satisfacción de otra naturaleza. En consecuencia, lo desafío a un duelo. Mis padrinos se pondrán en comunicación con los suyos para convenir el día, el lugar, las armas y las demás condiciones del lance”.
- Los argentinos hoy: “Uy, te doy unfollow y encima te saco los likes. Si seguís así te mando un meme re ofensivo”.
Lo peor de todas estas mentiras alrededor del Mundial es que van a terminar en un nuevo cuento de Hernán Casciari que será leído en el programa de un exageradamente emocionado Andy Kusnetzoff y formará parte de un libro alusivo que sentará las bases de una película ñoñísima.
Muy bueno el delirio colectivo de fogonear teorías conspiranoicas para explicar la derrota mundialista cuando hace una semana nos reíamos de las teorías conspiranoicas ajenas que sostenían que habíamos comprado un Mundial mientras le agregábamos agua al Plusbelle Manzana para que dure más.
Siempre es preferible perder raspando frente a un equipazo mientras defendés tu título de campeón, que festejar porque sos el más alto de los enanos. Si me van a ganar, que me gane el mejor.
De todo lo bueno que hizo Scaloni en este Mundial, lo más noble fue salir hoy corriendo a separar para que algunos jugadores no se caguen a trompadas y empañen la imagen de la Selección, sabiendo que lo único peor que un perdedor es un resentido.
Mañana a la mañana tengo turno con la dentista porque apretar los dientes, pasarla como el orto y desear que termine una sola vez en el día me parecía poco.
En comparación, hoy lo doblé y desdoblé dos veces como un papel glasé y pude hacer un corazón con el cabito de una cereza. Ya habla en código Morse mi ojete.