Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.
Soy un abogado poco ambicioso. Prefiero mi paz a la “relevancia”. Dejo pasar asuntos que me quitan tranquilidad y tiempo. No presumo ganar todo ni ser el mejor. Hago mi trabajo pensando en agradar a Dios. Lo demás, ya es lo de menos.
Un abracito a todos los de mi generación, que solo hemos conocido el mundo en un contexto de crisis económicas, pandemia, guerras, cambio climático y desastres naturales.