Años diciendo en mis conferencias: Todos cambiarán el discurso, pero no lo harán cuando suban las violaciones a niñas, lo harán cuando baje la intención de voto.
A ver, esto no va de un programa ni de un periodista concreto. Va de una dinámica sostenida: de cómo, uno a uno, el gobierno español señala, desacredita e intenta aislar a todo el que no encaje en un periodismo unidireccional, de causa y bandera, que algunos etiquetan como progresista, combativo, militante, libertario, ecologista, feminista, aliado, lo que sea. Un periodismo que hoy, en la práctica, actúa solo como escudo del poder.
El patrón es siempre el mismo: quien no pasa por ese filtro es reaccionario, bulero, ultra, franquista, vendido o traidor. Se dice que en El País los de Caño éramos unos fachas; que Federico no puede ser entrevistado en la televisión pública; que The Objective o El Debate son fango; que ABC, la COPE o El Mundo son proyectos directamente franquistas; que Telemadrid es “Telayuso”; que Iker es un mentiroso; que servidor es un traidor a su patria. Y así sucesivamente. La etiqueta sustituye al argumento. Se descalifica y se da por cerrado el debate.
Mientras tanto, el presidente vive parapetado. Acusa desde la tribuna, pero rehúye preguntas. Viene por ejemplo a Washington y se refugia en algo que denomina «cobertura institucional», una fórmula insólita: su propio equipo informa de la agenda con grandes loas y sin contraste. Sin prensa. Y si se conceden preguntas, se filtran a medios estatales o afines. Lo he visto con mis propios ojos.
El ministro de Exteriores, otro, ofrece ruedas de prensa que duran segundos, comparecencias medidas al milímetro, preguntas seleccionadas, canutazos diseñados para impedir repreguntas incómodas. Y además presiona a compañeros. El mensaje es claro: control de todo, reducción del riesgo, minimización del escrutinio de la prensa.
Y entonces llega lo más preocupante, que es que parte del gremio aplaude o justifica esa reducción. El problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Se crea una masa que, por convicción o por miedo, se alinea con lo que la élite supuestamente bienpensante decide. Se firman manifiestos «contra el golpismo mediático» 😳. Se promueven vetos a periodistas de todo perfil. Se argumenta que los límites de la libertad de expresión están donde empieza la incomodidad del poder ante una pregunta.
Ojalá por una vez el periodismo en España dejara de posicionarse en función del poder para defender algo más básico, el derecho de una sociedad a estar informada sin manipulaciones, sin causas y sin banderas. Con hechos. Y sí, con un corporativismo firme frente a las amenazas del poder. Porque cuando un presidente señala a compañeros, como hizo con Iker, con The Objective, con Naranjo o con quien sea, incluido Vito, nos está señalando a todos, guste o no.
David Alandete en el Congreso sobre Pedro Sánchez y la libertad de expresión:
“Sánchez me llamó a gritos para cambiar titulares cuando yo estaba en El País
Y este es el Gobierno que me ha llamado traidor y antipatriota por hacer dos preguntas a Trump”
Tienes razón, Rafael. No votasteis el asalto a RTVE el día 29.
Fue el día 30 cuando los vecinos estaban abandonados sacando cadáveres de los garajes cuando votasteis colocar a vuestros amigos en el Consejo de RTVE cobrando más de 100.000€ al año. Tienes razón, canalla.
Olmos y yo volvemos con nuestro coloquio en un día en que hemos aprendido que la superioridad moral es la madre de todos los hijos de puta
La PALABRA 'FASCISTA' mató a CHARLIE KIRK | Lo Más Odiado 4x01 https://t.co/2K6CRwtQWy vía @YouTube
Sick of the lies. Charlie Kirk knew I was openly lesbian and followed me. He didn't hate gay people. He might have disagreed with the way I live, but he had no hate in his heart.
Este vídeo es puro odio. Es tan vil que asusta. Porque lo que hacen la locutora, su corresponsal y su colaborador es poner paños calientes sobre un hecho lamentable. Dan a entender que, si la buscas, la encuentras.
Por aclarar:
1) La violencia física siempre merece condena.
2) La extorsión, la apología, la difamación, etc., se combaten en los tribunales si procede, pero en ningún caso justifican que alguien se tome la justicia por su mano.
3) Los escraches, sean a Ábalos al sacar al perro, a Óscar Puente cuando aquel imbécil le grabó en un tren, a Pablo Iglesias a la puerta de su casa, a Cospedal, a Villacís, a Soraya... son todos lamentables.
4) Boicotear un mitin (porque "vienen a provocar"), una carrera ciclista o un festival de la canción porque lo organizan o participan quienes te provocan rechazo es otra forma de violencia.
5) Ningún extremismo está más legitimado que otro, por mucho que, como suele pasar, alguno de ellos se arroge con la superioridad moral.
6) En tiempos de tribulación, hay discursos repugnantes que permean con mucha facilidad, pero justificar la violencia contra sus autores; o explicar la violencia en ellos es oportunista y equivocado.
7) Si damos por bueno eso de "le han matado, pero es que dijo tal...", en realidad, estamos abriendo la puerta a la violencia contra ideologías.
Conocía tan sólo de forma vaga a Kirk y hay argumentaciones suyas que me parecen equivocadas o directamente espantosas, como una buena parte del fenómeno cultural que está detrás del trumpismo y de cualquier histrión. Pero todo lo que no sea condenar su asesinato sin contemplaciones me parece repugnante.