afilar, pasando a sacar otra cuerda con delicadeza de otro bolsillo contiguo.
Con delicadeza minuciosa, pasó el cordel por los orificios y elaboró los nudos, no sin antes 'afinar' la cuerda, escuchando de cerca la tensión de la misma.
estado de desgaste. Realmente no la estaba usando demasiado pero, años con ella hacían que la fatiga acumulada fuese suficiente para que ya se plantease cambiarla.
Deshizo los nudos y guardó el hilo usado en un bolsillo casi oculto de la bolsa donde metió la piedra de --
con él, una ballesta de mano. Ya no requería la piedra de afilado, por lo que prescindió de ella en una bolsa de su cinto y empezó a revisar todo el mecanismo de la ballesta.
Cada polea, cada apoyo, cada pequeña pieza que activaba el mecanismo, incluyendo la cuerda y su --
La curiosidad chispeó por un segundo cuando ella trató con sus armas, siendo que aquella tecnología era ligeramente similar al lugar de dónde venía.
Una ceja arqueó, el asunto es que nada de aquello parecía ser un artefacto divino ni contener las runas sagradas.
Pero volvió --
En el silencio ella no se encuentra incómoda, por lo mismo comienza a darle atención a su equipo, habiendo ordenado este así como creado un espacio para sentarse de piernas cruzadas junto a al paquete de herramientas necesarias para llevar a cabo aquello que se propone. »
su asunto, con un mayor énfasis en lo que hacía, sus manos deslizaban la piedra ahora con mayor esmero como si cada movimiento que no hiciese con precisión quirúrgica fuese a resultar en el quiebro de la daga.
Acto seguido, guardó la daga y tomó de entre las armas que cargaba --
Por más que la contraria se pusiese a destripar todo cuanto había en su inventario, nada de lo que ella sacaba era capaz de llamar la atención del varón, nada... Salvo algo muy concreto: Ella misma.
El hecho de que un cuerpo tan pequeño pudiese manejar una armadura tan grande --
Tenía mucho para sacar, por eso mismo parece no quedarse inmóvil más que cuando acomoda una cosa sobre el suelo para después ir por la otra.
Encima llevaba: un arma inusual, unida al brazo de la propia armadura, que desprendió con sus propias manos; una especie de mosquete, »
prioridad, eliminando su intento de interacción antes siquiera de poder haber dicho ni mu.
Silencioso, minucioso y bastante eficaz en su tarea, cabe decir. Todo cuanto hacía parecía estar medido al milímetro, cada segundo que gastaba en raspar el metal con la piedra de --
Se mantuvo de pie en todo momento tras entregarle el arma a la mujer; tal vez fuese una daga de tantas que portaba en su cinto, pero con una prueba le bastaba.
Si ella era capaz de mejorar las capacidades de aquel arma, entonces confiaría en ella, más allá del voto de --
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Brianna tomó una de las dagas entre sus manos, observándola con detenimiento, analizándola desde la empuñadura hasta la hoja mientras se colocaba frente a su interlocutor. Con movimientos pausados, se hincó de rodillas, y justo antes de tocar el suelo, un cojín +⠀⠀
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sintiendo un cambio que ya pedía ser presenciado.
— Debería probarla para no topar sorpresas en medio del combate... ¿qué debería esperar de la misma?
Movía lentamente la mano con el arma en ella, revisando tanto las letras como cada ángulo de la misma, parecía que hasta --
— ¿Ni siquiera conoces mis intenciones y pondrías la mano en el fuego de que son buenas...? Audaz.
Incluso si ella hubiese tomado su 'me voy si causo problemas con mi presencia' como un garante de sus intenciones, seguía convencido de que no había suficiente base para --
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—— Nadie es un intruso en mis tierras si llega con buenas intenciones. No podemos permitirnos más daños aquí… —— Afirmó con serenidad. —— Por eso, si necesitáis ayuda, este no es el lugar más seguro para permanecer afuera en estos momentos.⠀⠀
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