Hay que ser muy miserable para quemar o tirar al agua las mochilas y bolsas con los enseres y la poca ropa y calzado de personas que no tienen nada.
No hay palabras. No son españoles, son criminales.
La CIA estuvo involucrada en el tráfico de cocaína en América Latina.
Las acusaciones en la década de 1980, durante el apoyo encubierto de la administración de Reagan a los Contras nicaragüenses, vincularon a agentes respaldados por la CIA con el tráfico de cocaína utilizado para financiar los esfuerzos anticomunistas.
La controversia estalló en 1996 con la serie Dark Alliance del periodista de investigación Gary Webb en el San Jose Mercury News, que afirmaba que una red de drogas conectada con la CIA alimentó la epidemia de crack en Estados Unidos para recaudar dinero para los Contras.
Los informes provocaron la indignación pública, pero fueron fuertemente criticados por los principales medios de comunicación, que argumentaron que la evidencia se exageró en una conspiración generalizada.
Un informe del Inspector General de la CIA de 1998 por Frederick Hitz exoneró a la agencia de complicidad directa en el comercio de crack en el centro de la ciudad o de beneficiarse a sabiendas de él. Sin embargo, el informe destacó graves fallos:
La CIA a menudo ignoró o no investigó las acusaciones de tráfico de drogas contra aliados de los Contras.
Un Memorando de Entendimiento de 1982 entre el Fiscal General William French Smith y el Director de la CIA William Casey eximió a los agentes de la obligación de informar sobre violaciones de narcóticos.
No existía una guía clara sobre cómo manejar las acusaciones relacionadas con las drogas a lo largo del programa de los Contras.
Los incidentes incluían proteger el Hangar 4 en la base aérea de Ilopango (vinculado a las operaciones de Oliver North) de las investigaciones de la DEA, a pesar de las sospechas de actividad de drogas.
Ex funcionarios atribuyeron estos fallos a la ineficiencia burocrática en lugar de la intención, mientras que los críticos los vieron como una ceguera deliberada impulsada por priorizar la guerra ideológica sobre la lucha contra las drogas.
El informe señala un patrón recurrente en las operaciones encubiertas de EE. UU.: las alianzas con actores poco recomendables en regiones con alto tráfico de drogas a menudo resultan en una integridad comprometida.
(Artículo publicado originalmente en Cubadebate)
La CIA llenó de drogas los barrios pobres de Los Ángeles.
El periodista norteamericano Gary Webb fue posiblemente el primero en usar internet para denunciar las operaciones de la CIA, pero no tuvo la suerte de Edward Snowden y Julian Assange. Lo encontraron muerto con el rostro destrozado por dos disparos calibre 38 el 17 de diciembre de 2004 en su casa de California. Sin embargo, su caso lo consideraron suicidio y la policía sostuvo la insólita teoría de que se auto infligió las dos mortales heridas de forma sucesiva.
Ocho años antes, cuando trabajaba para el diario San José Mercury News en su formato digital, evidenció en una saga de artículos cómo la CIA en la década de 1980 vendió toneladas de crack en los barrios pobres de Los Ángeles, principalmente entre la población negra, y utilizó el dinero para sufragar las guerra de la Contra nicaragüense que trataba entonces de derrotar al gobierno sandinista en Nicaragua.
En los materiales reveló por primera vez cómo el flujo de cocaína se originaba en las bases del ejército salvadoreño por aviones de ese país hacia aeropuertos militares estadounidenses, donde era desembarcada bajo protección oficial para ser repartidas a las organizaciones de traficantes controladas por los servicios de inteligencia locales.
Sus investigaciones periodísticas se basaron en documentos desclasificados de la CIA y los testimonios de participantes en la operación, entre los cuales se encontraba Ricky Ross y “Chico Brown”, traficantes importantes de drogas de la costa oeste de Estados Unidos quienes operaban bajo la sombrilla de la central de inteligencia y “Cele Castillo” ex oficial de la Agencia Anti Drogas (DEA), testigo de la introducción de los estupefacientes y autor del libro “El polvo arde” sobre esas acciones encubiertas.
La serie documentó que jefes de la contra nicaragüense organizaron una red de traficantes en Los Ángeles y distribuyeron toneladas de cocaína a dos pandillas denominadas los crips y los bloods por medio del mencionado Ricky Ross. La cocaína era procesada y se le adicionaban sustancias químicas que incrementaban el volumen de venta y la nocividad al convertirse en crack. Mientras, la CIA y DEA miraban al otro lado.
En los artículos, Webb describía el papel de rectores del tráfico de cocaína, de Luis Posada Carriles y sus cómplices. Félix Rodríguez Mendigutía, el agente de la CIA que ordenó el asesinato del Che, y los hermanos Ignacio y Guillermo Novo, entre otros terroristas de origen cubano protegidos por las administraciones de Ronald Reagan y George Bush. De ahí que el periodista se ganó peligrosos enemigos, además de la agresividad oficial de su gobierno.
La CIA respondió con una campaña total de descrédito contra Webb al reproducir la matriz de que sus investigaciones se basaban en pistas erróneas y teorías conspirativas sin objetividad. Los mayores órganos de prensa se sumaron a la maniobra principalmente el New York Times y el Miami Herald.
En una entrevista en 1997 le preguntaron a Webb las causas de su decisión de correr los riegos por su actitud de publicitar las acciones encubiertas de la CIA con el narcotráfico y respondió:
“Porque es la verdad. Eso es lo fundamental. Uno se dedica a una carrera periodística precisamente por esa razón . Si estuviera errado, lo admitiría, pero no lo estoy. La gente tiene que enterarse de estos hechos, no solo para entender lo que pasó, sino también porque hay que pedir cuentas . Se han cometido crímenes . Hay mucha gente presa por el tráfico de cocaína. Esta operación trajo miles y miles de kilos de cocaína a los Estados Unidos, a los ghettos. Y hasta la fecha no se ha pedido cuentas a nadie, los únicos que han pagado el precio son los que viven en esos barrios”.
Tuvo que abandonar San José Mercury News en 1997 y no consiguió trabajo en ningún medio importante, pero en 1999 retomó el tema y publicó un libro titulado Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Alianza oscura: La CIA, los contras y la explosión de la cocaína crack) que renovó sus denuncias con impacto en la opinión pública mundial.
El tema motivó un informe del Inspector General de la CIA acerca del tráfico de droga realizado en la que exoneraba a la Agencia, pero la Cámara de Representantes estudió el tema bajo la dirección de Porter Goss, jefe del Comité de Inteligencia, quien determinó en una corta audiencia que las alegaciones eran “falsas”. Posteriormente, en 2005 Goss fue nombrado Director de la CIA por la administración Bush.
Poco antes de morir a los 49 años, Webb le comentó a un amigo que era vigilado y una noche sorprendió a varios individuos huyendo por las cañerías externas de su domicilio con gran rapidez, sin que le robaran nada en el apartamento, por lo cual consideró eran agentes oficiales con el fin de registrar su computadora. En el momento de su muerte Webb se encontraba preparando una nueva investigación sobre la conexión narcotráfico CIA. Eso selló su trágico destino.
(Texto de Jorge Wejebe Cobo para Cuba es surtidor)
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