A veces dos personas se aman profundamente, pero se encuentran en un momento en el que sus heridas, sus miedos o su inmadurez terminan hablando más fuerte que lo que sienten. Y duele, porque sabes que hay amor, pero también sabes que el amor por sí solo no sostiene una relación.
Qué manera tan cobarde de soltar a alguien: dejar que el desinterés, la distancia y la frialdad hagan el trabajo sucio para que sea la otra persona la que termine agotada y obligada a marcharse.