En estos momentos de inmenso dolor, nos solidarizamos con los familiares y allegados de todas las víctimas de los terremotos, y reafirmamos nuestro compromiso de apoyo para enfrentar las consecuencias de este desastre natural.
Hoy estuvimos en la embajada de #Venezuela en La Habana y, en nombre del Partido, el Estado, el Gobierno y el pueblo cubanos, expresé nuestras más sentidas condolencias al pueblo y Gobierno de la hermana República Bolivariana de Venezuela.
El actor Robert De Niro sobre amar a USA: “Me duele decirlo, pero amar a nuestro país está empezando a sonar como una esposa maltratada diciendo que ama a su abusador…Y déjenme decirlo, no puedo amar al país que está liderado por Donald Trump”
¿Cuál debería ser el rol del periodista en una situación de emergencia como la que vive Venezuela hoy día como consecuencia del doblete sísmico del 24 de junio?
La libertad de prensa sigue siendo un principio fundamental incluso durante una emergencia. Sin embargo, ese derecho convive con aspectos jurídicos igualmente importantes, cómo lo son: el derecho a la vida, la seguridad pública y la eficacia del rescate.
Desde la perspectiva de la ética profesional y de la cobertura de emergencias, el periodista debería:
1) Informar con rigor, verificando datos antes de publicarlos.
2) No interferir con operaciones de rescate.
3) Respetar los perímetros de seguridad establecidos por razones técnicas.
4) Evitar el sensacionalismo y la revictimización.
5) Explicar a la ciudadanía por qué existen determinadas restricciones, cuando estas estén justificadas.
6) Fiscalizar al poder, pero distinguiendo entre una medida legítima de protección civil y una restricción arbitraria destinada a impedir el escrutinio público.
Cuestionar las decisiones de la autoridad no es, por sí mismo, algo indebido. Lo problemático aparece cuando, sin evidencia de que la medida sea arbitraria, un comunicador llama a desobedecer los perímetros de seguridad o desacredita sistemáticamente a quienes coordinan el rescate.
El periodismo puede y debe ejercer un control crítico sobre las autoridades, pero una cosa es cuestionar una decisión y otra distinta es incentivar conductas que comprometan la seguridad colectiva.
Una zona de desastre no es una plaza pública mientras se desarrollan operaciones de rescate. El acceso suele estar regulado por razones de seguridad y eficacia operativa. Al mismo tiempo, la sociedad necesita periodistas que documenten lo ocurrido y vigilen la actuación de las autoridades.
El equilibrio consiste en que las autoridades restrinjan únicamente lo indispensable y con criterios técnicos, y que los periodistas ejerzan su labor con independencia, pero también con responsabilidad.
Si algo merecen esos “influencers” que convirtieron la desgracia de los venezolanos en una estrategia de crecimiento personal, que confundieron los escombros con un estudio de grabación y el dolor ajeno con una oportunidad para sumar seguidores, es exactamente aquello que más temen: el silencio. Dejar de seguirlos. En masa. Sin escándalo. Sin discusión. Sin regalarles un comentario más.
Quien hace negocio con la angustia de un pueblo no es creador de contenido: es un comerciante del sufrimiento y la única moneda que realmente les duele perder es la atención. No merecen más. Pero, sobre todo, no merecen menos.