Nadie sabe las guerras que has librado, ni las derrotas de las que te tuviste que levantar sangrando, para poder sonreír y caminar con el arrojo que hoy lo haces.
Y es que, una madre siempre será raíz y tronco, un mundo de hojas en dónde refugiarse del sol, la lluvia, y las tristezas.
Una madre es principio, y cómplice de vida.
Y de repente, un día despiertas y notas que la vida no espera, ella sigue su camino en eterno romance con el tiempo.
Y si miras bien, agradeces por todo lo que te ha dejado, y sonríes por lo que falta aún por vivir.