«Mi lista de enemigos se convirtió en mi lista de oraciones».
Hay fotografías que conmueven la conciencia, pero hay testimonios que transforman el corazón.
#KimPhucPhanThi#NiñaDelNapalm
Cuando a Gaudí le preguntaron quién terminaría la Sagrada Familia, él respondió: «La terminará san José».
Y cuando le recriminaban la lentitud de las obras, respondía: «Mi cliente —refiriéndose a Dios— no tiene prisa».
#PapaLeónXIV#SagradaFamília#Gaudí
@patriciajaniot@petrogustavo P0or el bien de Colombia nos conviene en este momento que se siga haciendo pública la arrogancia, ignorancia e imprudencia supina del que dice ser el presidente actual de este bello país.
Me parece a mí que el #Bernabéu no ha visto en su historia un gol como el que el #Papa le ha metido al demonio en esta visita apostólica a España...
#PapaLeónXIV
Estos cuatro iconos orientales de la Virgen pertenecen a una misma gran tradición: son catequesis en imagen.
No buscan solo representar a María con el Niño, sino ayudarnos a contemplar el misterio de la Encarnación: el Hijo eterno de Dios hecho verdadero hombre.
1️⃣ El primer icono parece corresponder a la Virgen Kardiotissa, “la del corazón”.
María inclina su rostro hacia Cristo y el Niño se acerca a ella con una ternura muy sobria. El centro no es el afecto por sí mismo, sino el misterio: Dios ha querido entrar en nuestra historia por medio de una Madre.
2️⃣ Esta imagen recuerda que María nunca se entiende separada de Cristo.
Lo sostiene, lo abraza y lo muestra. Toda auténtica devoción mariana conduce al Hijo. María no ocupa el lugar de Cristo: nos enseña a acogerlo, a mirarlo y a permanecer junto a Él.
3️⃣ El segundo icono presenta a la Virgen coronada por los ángeles.
No aparecen aquí los instrumentos de la Pasión, sino una corona sostenida sobre María. La imagen destaca su realeza: María es Reina porque es Madre del Rey y porque está plenamente unida a la obra de Cristo.
4️⃣ Pero su realeza no la hace distante.
La Virgen coronada sigue apareciendo como Madre que lleva en brazos al Niño. En la tradición cristiana, la grandeza de María no se opone a su humildad: precisamente por su humildad, Dios la ha exaltado.
5️⃣ El tercer icono parece corresponder a la Galaktotrophousa, la Virgen Lactante.
María aparece alimentando al Niño Jesús. Es una imagen muy tierna, pero sobre todo muy teológica: Cristo no asumió una humanidad aparente, sino una humanidad real.
6️⃣ El Verbo eterno quiso depender de una Madre.
Quiso ser llevado, cuidado, alimentado. Este icono proclama, sin necesidad de muchas palabras, que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Y por eso María es verdaderamente Madre de Dios.
7️⃣ El cuarto icono vuelve al tipo de la Virgen de la ternura, Eleousa o Glykophilousa, “la del dulce beso”.
El Niño se acerca al rostro de María. Hay una intimidad serena, recogida, casi silenciosa. Es la ternura de una Madre, pero también la cercanía del Dios que se ha hecho carne.
8️⃣ En estos iconos la ternura no rebaja el misterio: lo revela.
María sostiene al Hijo, pero no lo retiene para sí. Lo ofrece a la mirada del creyente. Quien contempla bien a María aprende a mirar mejor a Cristo.
9️⃣ Por eso los iconos orientales no son simples imágenes antiguas.
Son escuela de oración. Nos obligan a mirar despacio. Nos recuerdan que la fe cristiana no nace de una idea, sino de un acontecimiento: el Hijo de Dios ha venido en carne.
🔟 Y en los cuatro aparece una misma verdad: María es Madre, Reina e intercesora porque está totalmente unida a Cristo.
La Iglesia la venera no para detenerse en ella, sino porque en ella reconoce el camino más limpio hacia el Hijo.
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El Corazón de Jesús nos enseña a confiar.
No una confianza ingenua, como si no pasara nada. Sino una confianza cristiana: mirar la vida con sus cruces, heridas y cansancios, y decirle al Señor: “Aunque no lo entienda todo, sé que tu Corazón no me abandona”.
1️⃣ La confianza no nace de tenerlo todo controlado.
Nace de saber en quién hemos puesto la vida.
Por eso la jaculatoria “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío” no es una frase de estampa. Es un acto de fe en medio de la realidad.
2️�� El Corazón de Cristo fue traspasado.
No es el corazón de alguien que mira el dolor desde lejos. Es el Corazón del Hijo de Dios que ha entrado en nuestra historia, ha cargado con el pecado y ha amado hasta el extremo.
Por eso podemos acudir a Él.
3️⃣ El P. Mendizábal enseñaba que la devoción al Corazón de Jesús lleva al alma a descansar en el amor de Cristo.
No se trata de abandonarse por pereza, sino de dejar de vivir como si todo dependiera solo de nuestras fuerzas.
La gracia sostiene lo que nosotros no podemos sostener.
4️⃣ Confiar en el Corazón de Jesús es poner ante Él lo que pesa:
la familia, la enfermedad, la incertidumbre, el pecado, la propia fragilidad, las heridas antiguas, las personas que amamos y no sabemos cómo ayudar.
Nada queda fuera de su amor.
5️⃣ Esta confianza se alimenta en la Eucaristía.
Ante el Sagrario se aprende que Cristo permanece.
Cuando todo cambia, Él permanece.
Cuando nosotros fallamos, Él permanece.
Cuando el alma se enfría, Él permanece esperando.
6️⃣ Hoy podemos vivir esta devoción de forma concreta:
rezar despacio “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”; hacer una visita al Santísimo; ofrecer una preocupación; pedir perdón; y entregar al Señor aquello que más nos cuesta soltar.
7️⃣ La reparación también nace de la confianza.
No reparamos desde la angustia, sino desde el amor: sabiendo que Cristo quiere asociarnos a su entrega, a su oración y a su amor por los hombres.
Un corazón confiado repara mejor.
8️⃣ Que este mes nos enseñe a descansar más en el Corazón de Cristo.
Menos autosuficiencia.
Más gracia.
Menos miedo.
Más abandono.
Menos ruido interior.
Más Eucaristía.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
#SagradoCorazónDeJesús #CorazónDeJesús #MesDelSagradoCorazón #Reparación #Eucaristía #IglesiaCatólica
Hoy celebramos a San Optato de Milevi, obispo africano del siglo IV.
Quizá no sea de los santos más conocidos. Pero su enseñanza es muy actual: combatió a los donatistas, aquellos que rompían la unidad de la Iglesia creyéndose más puros que la Iglesia.
1️⃣ Los donatistas no empezaron diciendo que no querían a Cristo.
Empezaron diciendo que la Iglesia estaba contaminada, que había ministros indignos, que los sacramentos de ciertos obispos no valían y que sólo ellos eran la comunidad fiel.
Suena antiguo. Pero no tanto.
2️⃣ San Optato vio el peligro con claridad.
Cuando alguien identifica la Iglesia con su propio grupo, su sensibilidad o su tribunal particular de pureza, ya no defiende la fe: se coloca por encima de la Iglesia.
Y ahí empieza el cisma, aunque se vista de celo.
3️⃣ El donatismo tenía una trampa: hacía depender la gracia de Dios de la santidad visible del ministro.
La Iglesia respondió con la fe de siempre: Cristo actúa en sus sacramentos.
El ministro puede ser indigno. Pero Cristo no queda encadenado por la miseria del ministro.
4️⃣ Esto no significa justificar abusos, pecados o escándalos.
Significa algo mucho más serio: que la santidad de la Iglesia viene de Cristo, no de nuestras estadísticas de pureza.
La Iglesia necesita conversión. Pero no se reforma rompiendo la comunión.
5️⃣ Hay nuevos donatistas cuando alguien dice, de hecho:
“Sólo somos Iglesia los que pensamos como yo”. “Sólo mis curas son válidos”. “Sólo mi grupo conserva la fe”. “Todo lo demás está vendido, corrompido o traicionado”.
Eso no es tradición: es secta con incienso.
6️⃣ San Optato defendió algo muy católico: la unidad visible de la Iglesia.
No una unidad sentimental. No una unidad de propaganda. No una unidad que niegue los problemas.
Una unidad fundada en Cristo, en los sacramentos, en la sucesión apostólica y en la comunión con la Iglesia universal.
7️⃣ El católico puede sufrir por los pecados dentro de la Iglesia.
Puede pedir claridad. Puede corregir con caridad. Puede dolerse por los escándalos.
Pero no puede convertir su dolor en soberbia, ni su amor a la verdad en desprecio de la Iglesia.
8️⃣ El donatismo de hoy no siempre niega un dogma con palabras.
A veces se nota en el tono: desprecio constante, sospecha sistemática, obsesión por señalar impurezas ajenas y una extraña incapacidad para reconocer la acción de la gracia.
Mucho celo, poca comunión.
9️⃣ San Optato nos recuerda que la Iglesia no es una asociación de perfectos.
Es el Cuerpo de Cristo, santo por su Cabeza, necesitado de purificación en sus miembros, sostenido por la gracia y guiado por el Señor a través de la historia.
🔟 Por eso, hoy conviene pedir por la Iglesia.
No desde fuera, como jueces. No desde arriba, como puros. Sino desde dentro, como hijos.
Porque la verdadera reforma nace de la santidad, no del cisma.
San Optato de Milevi, ruega por nosotros.
#SanOptatoDeMilevi #IglesiaCatólica #TradiciónCatólica
La santa indiferencia ignaciana no significa que todo dé igual.
Significa que lo único que no puede dar igual es seguir a Cristo.
1️⃣ San Ignacio enseña en el Principio y Fundamento que las criaturas deben usarse en la medida en que ayudan a alcanzar el fin para el que hemos sido creados: alabar, reverenciar y servir a Dios.
2️⃣ Por eso, la indiferencia cristiana no es frialdad, apatía ni falta de amor.
Es libertad interior.
No consiste en no querer nada, sino en quererlo todo ordenadamente: desde Dios, para Dios y hacia Dios.
3️⃣ Una criatura, una relación, un proyecto, una afición, una presencia o una posibilidad pueden ser buenas si me ayudan a acercarme más al Señor.
Entonces las recibo con gratitud.
4️⃣ Pero si algo me aparta de Cristo, aunque parezca atractivo, aunque me guste, aunque me cueste dejarlo, entonces debo apartarme.
No porque desprecie la creación, sino porque amo más al Creador.
5️⃣ La santa indiferencia no dice: “me da igual todo”.
Dice más bien: “no me da igual Cristo”.
Y precisamente porque no me da igual Cristo, acepto las renuncias que sean necesarias.
6️⃣ Aquí se juega mucha vida espiritual.
Hay cosas buenas que, en un momento concreto, pueden no hacerme bien.
Y hay cosas legítimas que, si ocupan el lugar de Dios, terminan desordenando el corazón.
7️⃣ La libertad cristiana no consiste en poder elegirlo todo.
Consiste en poder elegir a Cristo por encima de todo.
También cuando toca soltar.
También cuando toca callar.
También cuando toca perder.
También cuando toca esperar.
8️⃣ La santa indiferencia es una forma concreta de amor.
No me ato a nada para estar más disponible para Dios.
No absolutizo nada para que solo Cristo sea absoluto.
No hago de ninguna criatura un pequeño dios.
9️⃣ Al final, el corazón se ordena así:
lo que me acerca a Dios, lo recibo;
lo que me aparta de Dios, lo dejo;
y lo que Dios me pida, lo abrazo.
Porque no busco simplemente estar tranquilo.
Busco seguir a Cristo.
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