Siempre le agradezco al altísimo, porque cada vez que siento la necesidad de volver a este lugar: lo hago. Sin ataduras de por medio. Nunca existe una despedida y en virtud de ello, es lo que generó aquél hilo rojo que me conecta a esta plataforma, a las personas y comunidad.
Siempre es un placer para mí nuevamente coincidir en este espacio, y, una-vez-más, mi alma se llena de encanto al poder dirigirme hacía ustedes. Con completa libertad, acérquense a mí y permítanse estrechar sus manos con la mía. Sean Bienvenidos.
Tengo la convicción de ser una mujer tolerante. Sin embargo, lo que me pasa una vez-no vuelve a ocurrir. Puedo enojarme una vez, pero no existirá la posibilidad de enojarme una segunda vez. Y en este umbral de los tiempos, la paz es fácil de despojar de nuestra existencia.