Silvia Castro
RESUMEN
Lo fascinante del nombramiento de Rodrigo Chaves como ministro de Presidencia y Hacienda no es la indignación —esa era inevitable— sino la velocidad con que las cámaras de eco decidieron que Laura Fernández no podía tener razón.
Horas después del anuncio en el Teatro Popular Melico Salazar, ya todo estaba escrito: Fernández era ingenua, Chaves manipulador, el país caminaba al autoritarismo. Nadie se detuvo a considerar otra posibilidad: que esto no sea improvisación, sino estrategia.
Fernández ganó prometiendo continuidad, no ruptura. El electorado sabía exactamente lo que votaba: más chavismo, no menos. Criticar ahora el nombramiento es, en el fondo, cuestionar que cumpla su promesa política.
Y existe otra verdad incómoda: Chaves, con todos sus defectos, es probablemente el técnico más preparado para manejar Hacienda en este momento. Exfuncionario del Banco Mundial, exministro y conocedor de organismos multilaterales, justo cuando Costa Rica necesita experiencia para sostener acuerdos y reformas complejas. Rechazarlo únicamente por “la óptica” también es una forma de vanidad política.
Lo que realmente incomoda a la clase política tradicional es que Fernández parece dispuesta a romper el viejo pacto costarricense: presidentes moderados, diálogo interminable y reformas que nunca llegan. Ella está diciendo algo distinto: tengo mandato, tengo mayoría y voy a gobernar.
Sus críticos lo interpretan como sumisión a Chaves. Pero también podría ser exactamente lo contrario: una presidenta que entiende que en política los resultados pesan más que la aprobación de las élites.
Sí, es una apuesta riesgosa. La concentración de poder puede terminar mal. Chaves es confrontativo, impredecible y profundamente polarizante. Pero también conecta con una ciudadanía cansada de gobiernos elegantes e ineficaces.
La verdadera pregunta es otra: ¿qué prefiere Costa Rica? ¿Más décadas de consenso estéril o un experimento incómodo que al menos intente mover al país?
Fernández apostó por la segunda opción.
🇺🇳‼️ URGENTE — Tras la elección de Irán para los derechos de las mujeres, la ONU elige a China, Cuba y Nicaragua para presidir el Comité de ONGs, este supervisa el trabajo de los grupos de derechos humanos en la ONU y decide a cuáles acreditar.
Insólito.
🚨 Queda claro que el 80% de sus publicaciones son de Saprissa y el mismo porcentaje de interacciones de saprissistas. Osea, le damos visibilidad al responderle sus estupideces.
Dejemos de seguirlo, de responderle e interactuar con el, ahí se le cae el negocio. 😏
Hola, si usted conoce a un señor que iba como en un rav4 anaranjado y lo chocaron por la planta de Pipasa Cargill en sentido hacia Puntarenas. La placa del Tercel que lo chocó y se dio a la fuga es NCV-458. #traficoCR
Lo que está pasando es bastante evidente. Muchos medios de comunicación que durante años vivieron de la pauta oficial, directa o indirectamente, no actuaban como verdaderos intermediarios entre los hechos y la sociedad, sino como engranajes de un sistema de poder. Cuando un gobierno decide cortar ese circuito de privilegios, transparentar el gasto y terminar con el uso político de los recursos públicos, esos medios dejan de perder solo dinero, pierden también influencia, capacidad de presión y el lugar preferencial que tenían dentro del viejo régimen. Por eso atacan con tanta intensidad a Milei. No porque les preocupe la verdad, ni mucho menos el bienestar de la gente, sino porque les molesta un gobierno que no está dispuesto a financiar relato con la plata de los argentinos.
Lo mismo ocurre con muchos empresarios prebendarios, que durante años hicieron negocios no en base al mérito, a la innovación o a la eficiencia, sino gracias a su cercanía con el poder político. Fueron beneficiados por el cierre de importaciones, por regulaciones diseñadas para expulsar competidores, por subsidios encubiertos y por un esquema en el que ganar dependía más de tener amigos en el Estado que de ofrecer un mejor producto. En un sistema así, no triunfa el mejor, triunfa el más acomodado. Por eso ahora reaccionan con furia frente a Milei, porque su proyecto destruye justamente ese capitalismo de amigos que tantos años les permitió enriquecerse a costa del consumidor, que pagaba más caro, tenía menos opciones y financiaba con su propio bolsillo la ineficiencia de unos pocos protegidos.
Cuando se rompen esos privilegios, la respuesta del sistema desplazado suele ser la misma, operar, mentir y fabricar fake news para sembrar miedo, incertidumbre y desgaste político. Intentan instalar que todo está mal incluso cuando los datos muestran mejoras, porque entienden que si la sociedad comprueba que era posible ordenar la economía, bajar la inflación, recortar el despilfarro y empezar a reconstruir reglas sanas, entonces se cae para siempre el relato con el que justificaron décadas de saqueo. No atacan a Milei solamente por lo que hace, lo atacan porque su sola existencia desarma la excusa histórica de quienes hicieron de la decadencia argentina un negocio.
Y ahí está justamente el punto central. Un gobierno que está intentando hacer un verdadero milagro económico en un país destruido por años de populismo inevitablemente iba a tocar intereses muy pesados. No se combate una estructura de corrupción, privilegios y manipulación sin recibir una reacción feroz. Por eso no alcanza con señalar la mentira una vez, hay que desarmarla todos los días, con paciencia, con firmeza y con evidencia. Las fake news no se enfrentan solo con indignación, se enfrentan con datos, con pedagogía, con rapidez para contestar, con presencia en redes, con ciudadanos comprometidos que no dejen pasar operaciones disfrazadas de periodismo. La batalla es cultural, política y comunicacional al mismo tiempo.
También hace falta entender que la mejor manera de derrotar la mentira es que la realidad termine hablando más fuerte que el aparato. Si la inflación baja, si la economía se ordena, si vuelve la inversión, si se recupera la actividad y si la gente empieza a sentir alivio después de años de asfixia, entonces toda la maquinaria de desprestigio empieza a chocar contra un límite, la experiencia concreta de la sociedad. Por eso quienes apoyan este proceso no pueden caer ni en la ingenuidad ni en el silencio. Hay que defender la verdad, exponer a los operadores y recordar siempre que detrás de cada ataque muchas veces no hay preocupación institucional, sino intereses heridos. Lo que Milei está enfrentando no es una simple diferencia de opinión, es la reacción de un sistema que ve amenazada su red de privilegios. Y justamente por eso, sostener este cambio no es solo una opción política, es una necesidad histórica.