¿Alimento? ¿Amuleto? No cabía ninguna duda de que el muchacho tenía una idea completamente sesgada de los humanos.
¿Los había crueles? Claro. No reconocerlo sería mentir, y por consiguiente manchar su propio honor. Pero podía poner sus manos al fuego por algunos. No todos *
(+) Aquella cavilación pronunció casi sin pensarlo. Su problema era el opuesto absoluto al de Silver. Justo un humano. Todo ello le daba un poco de tirria.
—Lo dices como si muchos de ustedes no vieran a los de mi tipo, a los más comunes, como alimento o amuleto…
no es algo que pueda controlar. Mi cuerpo se duerme sin importar cuanto luche contra eso. Es lo opuesto, sin embargo, puedo entender tu frustración. Si quieres puedes quedarte aquí y acompañarme. Con alguien que pueda mantenerse despierto me sentiré más tranquilo cuidando *
Silver exhaló, afirmando con una solemnidad que contrastaba con la afilada sinceridad del rubio. El alumno de Diasomnia, lejos de parecer ofendido, aceptó las palabras con altura de mira.
—Estás en lo correcto. Quedarme dormido no es una buena estrategia de guardia... Es algo *
El de cabellera dorada examinó al ahora firme extraño, con una mezcla de perplejidad y extrañeza. Su vista viró luego entre el nido y aquel humano.
Siendo el conejo un individuo no reconocido por su sutileza, su honestidad fue algo brutal.
(+)
con lo que estoy trabajando todos los días.
La voz del chico era firme, y pese a su tranquilidad, su mirada cargaba la determinación férrea de un honorable caballero.
—No creo que mi especie deba determinar si soy capaz de proteger a los más débiles. Solo se necesita un poco *
pequeño nido ubicado en una de las copas de un árbol cercano.
—Estoy cuidando de ellos. Su madre fue a buscar comida. Si los abandono, un ave depredadora intentaría cazarlos.
El sonido de su voz liberó a Silver del pesado embrujo de Morfeo. Dio un respingo en su lugar, y sus párpados —que hasta hace unos segundos pesaban como una maza de acero—se abrieron de golpe.
Inicialmente estaba desorientado, sin embargo, bastó que volviera a estar en sus *
cinco sentidos para que se incorporara con una postura rígida. Su expresión se suavizó un poco, y con voz aún perezosa, declaró.
—Ah, lo siento, no pretendía ser descortés. Agradezco tu preocupación, pero no puedo marcharme todavía.
Silver señaló con la mirada el *