¡Qué placer compartir este cierre de ciclo y apertura del nuevo ciclo de vida con una grata experiencia!¡Nada como el encuentro tú contigo! ¡Felicidades!https://t.co/c8s74hgD8o
Los seres humanos tenemos muy mala relación con la incertidumbre. Lo que hace que nuestros vínculos crezcan es la experiencia de la certeza. Seamos predecibles y claros, de esa manera nuestras relaciones se fortalecerán.
Ser humildes implica tomar en cuenta la experiencia subjetiva del otro. Lo que tú ves no tiene porque ser lo que yo veo. Pero si creo que mi experiencia es la única que vale, me habré hundido en mi propia soberbia. Seamos flexibles al escribir el guion de nuestras vidas.
Es necesario que la misma curiosidad que se despierta en nosotros por querer saber de la vida de los demás, sea la misma curiosidad que nos mueva a querer saber más de nosotros mismos. Esa es la prioridad.
Ante la dificultada de terminar con una relación en la que únicamente experimento sufrimiento, lo primero que necesito aclarar es: ¿qué es aquello que me mantiene en ella? Únicamente así, podré hacer algo al respecto.
La lucha por el poder en cualquier relación es la manera como nos autoafirmamos. Lo que buscamos es someter al otro y al mismo tiempo evitar depender de él. La paradoja resulta en que para que exista el rey necesitan haber súbditos. Entonces al final, ¿quién depende de quién?
Que nuestra pareja comparta con nosotros su mundo, su pasado, sus vulnerabilidades es un privilegio, no un derecho. Por lo tanto hemos de portarnos a la altura y no voltear esta información en su contra cuando nos conviene. El buen vinculo preserva los límites de la intimidad.
Saber que tenemos la posibilidad de perdonar en silencio puede ayudarnos a dar el primer paso. En el fondo la experiencia del perdón no tiene que ver con absolver a nadie de sus acciones, sino de liberarnos del rencor.
Tener una buena relación de pareja no es cuestión de suerte, implica tener bien resueltas nuestras propias historias. Somos nosotros quienes elegimos: repetir o reparar.
La culpa y el resentimiento son dos emociones que no sirven para nada. Lo único que provocan es que nos lastimemos y paralicemos nuestra vida. Transformarlas en responsabilidad y en compasión es regalarnos la oportunidad de un nuevo comienzo.
Cuántas veces escuchamos o decimos: “Yo no tengo por qué darle explicaciones a nadie”. Sin embargo, regalarle una explicación a las personas que queremos es un acto de amor. El mensaje implícito para el otro es: “me importa lo que estás sintiendo”.
Cuando ponemos límites, esos límites no son para el otro, son para nosotros mismos. ¿Hasta dónde yo voy a permitir la actitud del otro? Implica hacer consciencia de que no puedo esperar a que sean los demás los que cambien, el cambio que quiero, vendrá de mis decisiones.
La única persona a la que podemos rescatar es a nosotros mismos. Así que no podemos seguir cargando con responsabilidades que no nos corresponden y culpándonos por las desdichas o decisiones de alguien más.
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