El nuevo (viejo) régimen impone, desde ya, un relato. No importa si es verdad o mentira lo que se dice, es su relato. No van a gobernar, van a instaurar un código lingüístico particular, no importa ya que el emisor y el receptor lo compartan.
El odio y el miedo han sido dos de los grandes electores. El odio explica que algún votante quiera destripar al otro. El miedo explica que algún votante tema perder, incluso, lo que no tiene. Ignoro si el amor es la respuesta, pero el odio y el miedo no llevan a ninguna parte.