No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Hay una antigua frase japonesa que dice: “Ya sea una máquina, una casa o una relación, el mantenimiento siempre es más barato que la reparación”.
Lo que no se mantiene, se termina perdiendo.
alguien dijo: “no quiero que me pregunten qué me pasa, quiero que se queden hasta que me anime a contarlo”. Y lo sentí como si me hubieran leído el alma.