Hemodiálisis…
Pancho va a su sesión.
No durmió.
Trae una náusea rara… una angustia pegada en el pecho… como si el corazón trajera miedo de seguir jalando.
Ya son 10 años.
Tres fístulas.
El cuello todo picoteado.
Cara de ardilla.
Piel de cera.
Se mira al espejo y entiende algo horrible:
ya no se parece a él.
Lengua de perico.
Aliento a óxido.
Se lava los dientes… y se traga el agua con todo y pasta.
—Me vale madre…
Camina al metro.
—Ufff… la línea 3 es una mierda…
Pinches escaleras eternas.
Siente que el corazón se le sale por la boca.
Ve gente correr… subir… vivir…
—Carajo… yo también antes podía…
Ahora cada paso duele.
En el vagón escucha un compadre cantando canciones de José José.
Tiene frío.
Mucho frío.
El perfume de una señora le revuelve el estómago.
Vomita en una esquina.
Negro.
Nadie lo mira.
O peor:
todos fingen no mirarlo.
Llega a Centro Médico.
Sale.
Y de pronto:
—Pendejo… aquí no me toca…
Otra vez el metro.
Otra vez las escaleras.
Ahora sí… La Raza.
No sabe cómo llegó.
Se sienta.
Respira.
La fístula.
—Ah… ahí está el grillito… no hay pedo…
Lo llaman.
Lo pesan.
—¿No subió de peso?
Hasta eso le sorprende.
—Bueno…
—¿Todo bien?
—Shhh… sí… sí… tú dale…
Se sienta en la silla.
Escucha a la raza hablar.
No entiende qué dicen.
Ni le importa.
Le pican.
Arranca la lavadora.
Le pasan la heparina.
—Sí… dale…
Y luego…
Paz.
Mucha paz.
—Ahhhh…
Calientito.
Suave.
Silencio.
“Hacía mucho tiempo… que no dormía así…”
Y entonces la siente.
El calor.
Las manos.
El abrazo.
—Mamá…
“Sí hijo… aquí estoy…”
Y Pancho llora sin lágrimas.
Porque por primera vez en años…
se siente seguro.
—Mamá… qué rico… no me sueltes…
Pausa.
Algo truena en su cabeza.
Un recuerdo.
Un golpe brutal de realidad.
—Ah jijos de la chingada…
“¡Pero si mi mamá se murió hace 10 años!”
—¡Dale!
—¡1-5-10-20!
—¡Descarga!
—¡300 joules!
—¡Otra vez!
—¡Tenemos ritmo!
Silencio.
Pancho abre los ojos.
Está de pie.
Confundido.
Mira alrededor.
Ve a sus vecinos de diálisis llorando.
Un doctor sudado.
Los compañeros de al lado persignándose.
Y luego ve la silla.
Su silla.
Y alguien sentado en ella.
Morado.
Quieto.
Con tubos.
—Ayyy wey…
“Sí soy yo…”
Mira cómo le siguen metiendo cosas al cuerpo.
Compresiones.
Tubos.
Gritos.
Carreras.
Y entonces dice, ya tranquilo:
—No mames… ya déjenme…
“Ya estuvo.”
Da un paso hacia atrás.
Y siente una paz imposible.
Ligera.
Sin náusea.
Sin frío.
Sin peso.
—Nel…
“Yo ya me voy…”
Se escucha una voz detrás.
Suave.
Conocida.
—Ey…
Voltea.
—¿Sí?
—Es hora, héroe.
Pancho sonríe.
Mira una última vez la sala.
Las bombas.
Las líneas.
La máquina.
Los cuerpos cansados.
—Claro…
“Deja que los doctores trabajen…”
—Mamá… espérame…
“Voy.”
Compadres : después de 24 horas : nadie se dio cuenta que : en esta historia se describe lo que pasa cuando un diabético tiene angina. En otras palabras : ataque cardiaco silente ? O a lo mejor creo que se reservan el comentario. Si lo imaginaste. Te felicito y si no … bueno ya lo conoces .
Hemodiálisis…
Pancho va a su sesión.
No durmió.
Trae una náusea rara… una angustia pegada en el pecho… como si el corazón trajera miedo de seguir jalando.
Ya son 10 años.
Tres fístulas.
El cuello todo picoteado.
Cara de ardilla.
Piel de cera.
Se mira al espejo y entiende algo horrible:
ya no se parece a él.
Lengua de perico.
Aliento a óxido.
Se lava los dientes… y se traga el agua con todo y pasta.
—Me vale madre…
Camina al metro.
—Ufff… la línea 3 es una mierda…
Pinches escaleras eternas.
Siente que el corazón se le sale por la boca.
Ve gente correr… subir… vivir…
—Carajo… yo también antes podía…
Ahora cada paso duele.
En el vagón escucha un compadre cantando canciones de José José.
Tiene frío.
Mucho frío.
El perfume de una señora le revuelve el estómago.
Vomita en una esquina.
Negro.
Nadie lo mira.
O peor:
todos fingen no mirarlo.
Llega a Centro Médico.
Sale.
Y de pronto:
—Pendejo… aquí no me toca…
Otra vez el metro.
Otra vez las escaleras.
Ahora sí… La Raza.
No sabe cómo llegó.
Se sienta.
Respira.
La fístula.
—Ah… ahí está el grillito… no hay pedo…
Lo llaman.
Lo pesan.
—¿No subió de peso?
Hasta eso le sorprende.
—Bueno…
—¿Todo bien?
—Shhh… sí… sí… tú dale…
Se sienta en la silla.
Escucha a la raza hablar.
No entiende qué dicen.
Ni le importa.
Le pican.
Arranca la lavadora.
Le pasan la heparina.
—Sí… dale…
Y luego…
Paz.
Mucha paz.
—Ahhhh…
Calientito.
Suave.
Silencio.
“Hacía mucho tiempo… que no dormía así…”
Y entonces la siente.
El calor.
Las manos.
El abrazo.
—Mamá…
“Sí hijo… aquí estoy…”
Y Pancho llora sin lágrimas.
Porque por primera vez en años…
se siente seguro.
—Mamá… qué rico… no me sueltes…
Pausa.
Algo truena en su cabeza.
Un recuerdo.
Un golpe brutal de realidad.
—Ah jijos de la chingada…
“¡Pero si mi mamá se murió hace 10 años!”
—¡Dale!
—¡1-5-10-20!
—¡Descarga!
—¡300 joules!
—¡Otra vez!
—¡Tenemos ritmo!
Silencio.
Pancho abre los ojos.
Está de pie.
Confundido.
Mira alrededor.
Ve a sus vecinos de diálisis llorando.
Un doctor sudado.
Los compañeros de al lado persignándose.
Y luego ve la silla.
Su silla.
Y alguien sentado en ella.
Morado.
Quieto.
Con tubos.
—Ayyy wey…
“Sí soy yo…”
Mira cómo le siguen metiendo cosas al cuerpo.
Compresiones.
Tubos.
Gritos.
Carreras.
Y entonces dice, ya tranquilo:
—No mames… ya déjenme…
“Ya estuvo.”
Da un paso hacia atrás.
Y siente una paz imposible.
Ligera.
Sin náusea.
Sin frío.
Sin peso.
—Nel…
“Yo ya me voy…”
Se escucha una voz detrás.
Suave.
Conocida.
—Ey…
Voltea.
—¿Sí?
—Es hora, héroe.
Pancho sonríe.
Mira una última vez la sala.
Las bombas.
Las líneas.
La máquina.
Los cuerpos cansados.
—Claro…
“Deja que los doctores trabajen…”
—Mamá… espérame…
“Voy.”
Yo pienso en la nefroprotección así:
1.- Tener seguro
2.- Mucho varo… pero MUCHO
3.- Una vieja que no salga corriendo cuando vea la creatinina
4.- Un nefrólogo pasado de lanza pero resolutivo
5.- Y huevos para aguantar dieta, pastillas, estudios y seguir viviendo aunque la ERC quiera cobrar renta.
Las guías ayudan.
Pero la voluntad y el contexto social también filtran supervivencia.
If weight loss remains difficult for you even with dieting & exercise, then you might need to support your metabolism.
Fat loss became easy once I stopped focusing only on calories and started supporting my metabolism, too.
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Veamos :
“Explíquele al paciente según su oficio”, decían…
Pos ahí le va al mecánico diabético en modo Nefrosauro:
“Mire compadre… usted sabe que la gasolina no se lleva con el azúcar. Cuando el motor trabaja con mugrero y mala mezcla, se rayan las camisas, los anillos ya no sellan y empieza a quemar aceite. Y un motor está hecho para quemar gasolina… no aceite.
Bueno… el riñón es igualito.
Cuando el azúcar anda alta muchos años, el filtro del riñón se empieza a madrear y comienza a tirar proteína en la orina. Eso es como quemar aceite.
Por eso sale espuma. Esa espuma no es ‘porque orinó fuerte’, no señor… es humo azul de motor cansado.
Y entre más proteína tire… menos torque trae el riñón. Más desgaste. Más cerca del ajuste.
El detalle aquí es que el riñón no tiene AutoZone ni refacciones OEM. No le podemos cambiar anillos y ya. Entonces usamos medicamentos para que deje de tirar proteína y aguante más kilometraje sin desvielarse.
¿Y qué ocupa el motor para durar?
No traerlo revolucionado a lo pendejo.
Entonces: bajar azúcar, bajar sal,
bajar peso, dejar cigarro, menos alcohol, menos comida procesada,
ejercicio moderado.
Porque un motor cansado no lo mete a arrancones ni lo trae acelerando en neutral nomás para oírlo roncar, ¿verdad?
Así está su riñón.
La idea no es hacerlo carro de carreras. La idea es que todavía le alcance pa’ muchos kilómetros antes de pensar en cambiar motor completo y chance le dure unos buenos años en lo si buscamos un riñón nuevo ya sea que convenza a su compadre o veamos en el Yonke si alguien ya no necesita sis riñones….
Y no creo que se enoje conmigo ..
La fisiología no funciona por modas.
Hace 10 años todos satanizaban la grasa.
Hoy algunos quieren freír el alma en sebo y llamarle biohacking.
Porque la neta: aceite de oliva extra virgen tiene evidencia sólida cardiovascular, la manteca no es plutonio, pero tampoco es reliquia terapéutica enviada por vikingos cetogénicos.
Frijoles en lata?
Pos sí, compadre… muy prácticos y muy “fit” en TikTok.
Nomás que el riñón no ve influencers… ve sodio.
Porque el enlatado puede traer:
cloruro de sodio, fosfato de sodio, glutamato monosódico, nitrato de sodio… y todavía le ponen azúcar, grasa, saborizante, ácido cítrico y el famoso “umami” pa que el hocico diga: “qué sabroso” mientras la presión arterial ya anda haciendo breakdance.
Y ahí está el truco:
muchos compuestos con sodio saben dulce o sabroso… no salados.
Entonces el cerebro ni siente la madriza real de sodio que le acaba de caer.
Y aguas con las etiquetas porque no es lo mismo:
frijoles normales, bajos en sodio, refritos, rancheros, con puerco… o la edición especial:
“infarto tex-mex familiar con queso radioactivo”.
Además:
2 gramos de sodio ≈ 5 gramos de sal de mesa.
Y mucha raza cree que “como no le puse sal”… ya se salvó.
JA.
El sodio ya venía trepado en la lata como polizón del Apocalipsis.
Mejor remoje sus frijoles toda la noche, olla de presión, especias, poquita sal y listo.
Más barato, más fisiológico y menos probable que el nefrólogo lo vea con mirada de decepción paternal.
Y si se agrían tantito… pos mire…
si los japoneses comen natto oliendo a calcetín húmedo con orgullo samurái…
nosotros podemos sobrevivir a unos frijolitos fermentados sin hacer tanto drama.
Ni madres compadre…
al riñón ácido no le hace falta amor, le falta bicarbonato.
Anda tan acidificado que ya quiere corregir la acidosis metabólica a besos en el Congreso de alfacetologos.
Y luego ahí van todos:
“¿Cuál evidencia respalda eso?”
“Un subanálisis fase 2 doble ciego… pero con lengua.”( guácala )
Déjalo… al rato va a presentar:
“Impacto del contacto labial prolongado sobre la progresión de ERC y la reducción de urea percibida.”
Conclusión:
No mejoró la TFG, pero el paciente se sintió comprendido y sabroseado …
Pos si usted vive rodeado de pura raza con intelecto… que no necesariamente ocupa prepa ni diploma colgado… pues tal vez funcione explicar todo en modo KDIGO edición director’s cut.
Pero aquí a la banda de X le dices que no es lo mismo sodio que cloruro de sodio y sienten que el doctor ya anda mamando con química cuántica.
Ahora imagínese llegar con don Pepe el Toro y decirle:
“mire, su riñón presenta deterioro estructural con probable progresión fibrosa túbulo-intersticial…”
Nel.
Uno termina hablando como mecánico de Nissan Tsuru:
“mire jefe… el riñón ya anda descuadrado, los taquetes no aprietan igual, trae fuga de proteína, y a lo mejor ocupa cuña, ajuste y ver si todavía aguanta el triplay sin cambiar motor completo.”
Y aun así el paciente sale diciendo:
“tons doctor… ¿me tomo el té de cola de caballo o ya valí madre?”
La medicina no es hablar complicado. Es lograr que la raza entienda sin sentir que le están leyendo el manual de una lavadora en alemán. ( y si entienden todavía exigen garantía y devolución si no queda )
Más que burocracia es un protocolo que involucra no solo un quirúrgico altamente especializado, un hospital con licencia sanitaria para procuración de órganos, un donador cadavérico o vivo si es resección hepatica parcial y sobre todo ser compatibles : donador y receptor. No es cámbiame el carburador y listo. No es burocracia es algo muy delicado. Y una vez pegado el hígado debe recibir un régimen de medicación de por vida ..