Que un 27,3% de españoles tengan intención de votar a Sánchez, con toda la corrupción que ha aflorado, es desolador y explica por qué este país, lejos de avanzar, lleva dos décadas retrocediendo
Poner límites no consiste en castigar a los demás, humillarlos o hacerles sentir culpables. Consiste en recordar, tanto a los otros como a uno mismo, que nuestras necesidades, nuestro tiempo y nuestro bienestar también importan.
Si una familia de inmigrantes que lleva pocos años en España puede mantener a 3 o 4 hijos y una casa, y chavales españoles jóvenes con los 30 cumplidos no pueden independizarse, y mucho menos tener un hijo, algo está pasando que no es normal.
Me parece un detalle tan bonito cuando alguien se acuerda de que tenias que hacer algo importante y te pregunta cómo te fue, si lo lograste, si todo salió bien. Ese nivel de atención y cariño está en otro nivel.
No, no hay que aceptar incondicionalmente a todo el mundo. Esa idea suena muy bonita en una taza de Mr. Wonderful, pero aplicada a la vida real puede ser un desastre.
La aceptación no implica tolerarlo todo.
Saber cuándo mandar a la mierda también es salud mental.
Nos han enseñado mucho sobre empatía, comprensión, paciencia y perdón. Y está bien. Son cualidades importantes. El problema aparece cuando olvidamos hablar de límites.
Porque hay relaciones que se arreglan hablando.