El sufrimiento, según Nietzsche, puede llevar a dos caminos: caer en el resentimiento, donde la persona se vuelve vengativa y termina odiando la vida; o bien, superarse y transformarse, trascendiendo el dolor para convertirlo en una fuente de fuerza vital. Nietzsche considera que aquellos que sufren profundamente tienen la capacidad de volverse más fuertes si no caen en la trampa del resentimiento.
Cuanto más ira, odio y resentimiento hacia el pasado llevas en tu corazón, menos capaz eres de amar en el presente. El presente es lo único que tenemos, incluso hace un minuto ya se ha evaporado ... si quieres una buena vida, empieza por honrar este regalo, el presente.
@eduwi El perdón es un regalo para quien perdona, no para el perdonado, como piensan muchos que se apegan al resentimiento y al deseo de venganza.
https://t.co/3QPtTUg6Um
¡Música para tus oídos! Este instrumento se llama hammered dulcimer, el cual interpreta Greensleeves, una melodía tan antigua que Shakespeare la menciona en "Las alegres comadres de Windsor"
29 de julio de 1890, Vincent van Gogh muere en una pequeña habitación en Francia con apenas 37 años, sin reconocimiento, sin éxito y habiendo vendido prácticamente una sola pintura en toda su vida, mientras su hermano Theo, la única persona que creyó realmente en él, muere apenas seis meses después, dejando tras de sí no solo el dolor, sino también un legado que, en ese momento, parecía no tener ningún valor: cientos de cuadros que nadie quería y cartas que pocos habrían considerado importantes.
Todo terminó en manos de una mujer de 28 años, Jo van Gogh-Bonger, viuda, con un hijo pequeño, sin recursos y con un apartamento lleno de obras que el mundo había rechazado, una situación en la que la mayoría habría vendido todo por lo que fuera posible para sobrevivir y seguir adelante, pero ella decidió hacer exactamente lo contrario, porque donde otros veían fracaso, ella vio algo distinto, algo que merecía ser entendido antes de ser juzgado.
Jo empezó por las cartas, por ese diálogo íntimo entre Vincent y Theo que revelaba no a un hombre roto sin sentido, sino a un artista profundo, consciente, obsesivo con su obra y con su forma de ver el mundo, así que las tradujo, las organizó y las compartió, permitiendo que la gente empezara a ver más allá de la imagen simplificada de “genio loco” y entendiera la dimensión real de su pensamiento, mientras al mismo tiempo organizaba exposiciones, contactaba con críticos y defendía una idea que nadie estaba dispuesto a aceptar: que Vincent van Gogh era un gran artista.
Durante décadas sostuvo esa convicción incluso cuando necesitaba dinero, negándose a vender las pinturas a cualquier precio porque entendía que su valor no estaba en el mercado del momento, sino en el tiempo, y gracias a esa decisión, a esa resistencia silenciosa pero firme, el nombre de Van Gogh empezó poco a poco a ocupar el lugar que hoy consideramos evidente, hasta convertirse en una figura central de la historia del arte, con obras en museos y un legado que millones reconocen.
Jo nunca pintó un cuadro, pero sin ella, probablemente nadie conocería a Vincent como lo conocemos hoy, porque no solo conservó su obra, sino que construyó el puente necesario para que el mundo pudiera entenderla, demostrando que a veces el talento necesita algo más que existir: necesita a alguien que crea en él cuando nadie más lo hace.
Una simple palabra puede iluminar el día o herirlo, darte alas o hundirte. Algunas frases despectivas se clavan en el tejido de la memoria y el daño arde a pesar de los años. @irenevalmore
Despertar es ver lo que antes estaba oculto. Es reconocer los patrones que repetimos. Es sentir sin miedo. Es nombrar lo invisible, lo que dolió, lo que faltó. Es escuchar y observar sin juicio. Es darnos permiso para conectar con lo más profundo de nuestro ser.
Atención. Lo que crees determina lo que ves. Tu cerebro filtra la realidad para confirmar tus creencias. Y lo que no crees desaparece de tu campo visual, de tu enfoque, aunque esté justo delante de ti. ¿Qué puedes hacer? Cambiar lo que crees que es posible para ti.
Sanar es recuperar la coherencia interna y escuchar los mensajes del cuerpo. Pregúntate:
¿Qué parte de mí vive en amenaza constante?
¿Dónde/cuándo perdí la sensación de seguridad?
¿Qué (emociones, conflictos, etc.) estoy sosteniendo que mi cuerpo ya no puede cargar?
La trascendencia que buscamos no está en experiencias extremas o en escapadas a la naturaleza que solo podemos hacer de vez en cuando. Está en ser capaz de habitar con conciencia cada día. Nos convertimos en lo que repetimos. Diseña una vida de la que no necesites escapar.
Las palabras tienen un gran poder para construir, destruir, sanar o herir, por lo que cuidar lo que se dice y como se dice es fundamental para las relaciones y la realidad personal. Seleccionar el lenguaje adecuado demuestra respeto, evita malentendidos y genera confianza, y es crucial cuidar la intención y el impacto emocional de lo que se expresa.
"La palabra tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja para lesionar, resta cuando se usa con ligereza para censurar, suma cuando se emplea para dialogar, multiplica cuando se da con generosidad para servir."
Carlos Siller 🇲🇽
Un lienzo intacto, una página en blanco, un mundo de posibilidades. Crear requiere vacío, silencio, presencia. Requiere espacio para que algo nuevo emerja.
¿En qué se convertirá?
El cerebro es la pantalla donde se proyecta lo que nosotros escogemos pensar.
#arte#creatividad
Entiende esto:
Tu realidad física (dinero, salud, relaciones) es solo la IMPRESIÓN final. Es el papel que sale de la impresora.
Si el archivo digital (lo Invisible) tiene un error de código, no importa cuánto cambies la tinta o el papel.
El error se seguirá imprimiendo.
Neurografía: el arte sana
En este artículo te cuento qué es el dibujo neurográfico, para qué te puede servir y cómo se practica:
https://t.co/MFEgxZKRab
«Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido».
—Stefan Zweig | “Mendel, el de los libros”