Mientras tanto, Francia sigue exprimiendo África con un sistema monetario colonial que obliga a 14 países a depositar la mitad de sus reservas en el Tesoro francés y les impide tener política monetaria propia.
Siguen teniendo bases militares, empresas que controlan minas, puertos, electricidad y telecomunicaciones y una red de influencia que cualquier africano que no sea ciego llama Françafrique.
Primero liberen a África de la explotación francesa, de los golpes de Estado que apoyaron o toleraron cuando les convenía, de la extracción de recursos que deja miseria mientras París cobra comisiones. Después, con las manos limpia, pueden venir a dar lecciones de moral y buenas costumbres.
Hasta entonces, su discurso de valores suena exactamente a lo que es una hipocresía de potencia que censura con la excusa de “racismo” para no sentirse culpables. Hipócritas woke.