+ pensado cómo va a apañarselas para salir por la puerta con la cruz, el crío, los donuts y sin pagar un céntimo.—
¿Me sujetas esto, socio?
—Se la pone en las manos al rubio.—
—La muchacha les mira a los dos con cara de no estar cobrando lo suficiente como para estas gilipolleces. Por suerte no dice nada y se voltea para sacar los donuts de la vitrina. En lo que se entretiene metiéndolos en una bolsa de papel, se inclina un poco hacia él y le da +
𖤐 aparentemente se dedica aunque no deja de oler aceite de armas desde hace un rato. ¿El pistola estará por aquí? ¿Un fragmento?
— Uh, ah... — Mierda. ¿Le habla a él? — ¿Para que quieres mi número? ¿Eres un pervertido? —
Que no está hablando contigo melon.
+ un codazo.—
¿Quieres callarte un momento, chaval? ¿No ves que me lo estoy currando?
—Le dice en susurros, cuadrándose inmediatamente en cuanto vuelve la dependienta, deslumbrandola con una sonrisa encantadora.—
Gracias, uh...
—Dice tomando la bolsita, ni siquiera ha +
+ para mirar a la dependienta. No menciona nada sobre hacer un simpa porque él ha tenido la misma idea, si total...—
Guapa, ¿Me pones dos donuts de azúcar?
—Le da un repasito con la mirada.—
Y tu número de teléfono...
—Levanta las cejas por encima de las gafas y le mira con cara de circunstancias. Hay que ver con el crío.—
Soy vendedor de biblias, chaval.
—Dice con mucho orgullo, por ningún motivo. Se apoya en el mostrador con un brazo y gesto despreocupado, bajándose un poco las gafas +
𖤐 mucho últimamente. —
Se encoge de hombros con aire resignado. Cruzando el umbral de la puerta con aire cansado.
— Buenaaas, no somos de una sectaaa. Prometido. La cruz es porque le gustan mucho los vampiros. —
+ la campanita sobre la puerta. No irían a negarle comida a un hombre de fé y todo eso, ¿no...?—
Buenas...
—Saludó a la dependienta con una sonrisilla de sinvergüenza asomando.—
Vamos, anda.
—Se carga el enorme bulto con forma de cruz al hombro y echa a andar hasta la tienda lanzando el cigarrillo a medio consumir por ahí.—
No te preocupes, hombre. Yo invito.
—Dijo, empujando la puerta del establecimiento con mucha decisión, haciendo tintinear +
— Me podría comer donuts hasta palmar de una indigestión. Me encantan. ¿Por? —
Pregunta con genuina confusión, no sabe por qué pero siente el impulso de meter la mano en el bolsillo e imitarle.
— A micno me mires estoy más pelado que un calvo. No me queda nada de dinero.
¿Huh?
—Lo mira de reojo y se sube las gafas con un dedo. Lo cierto es que él también le recuerda... Sacude la cabeza.—
Dime, chico, ¿te gustan los donuts?
—Dice metiendo una mano en el bolsillo, tiene una estampita, dos pelusas y un botón. Levanta la vista hacia la tienda +