Hoy el día amanece lluvioso, como si la noche también recordara lo fatídico de lo que hoy marca un año… Que cada gotas sea de bendición, para que quienes estamos no repitamos aquello, y memoria de júbilo por las vidas que ya no están.
Hace 40 años, un 28 de febrero de 1986 fue asesinado el primer ministro Olof Palme de Suecia 🇸🇪. Líder emblemático de los socialdemócratas en su país y en el mundo, en República Dominicana tuvo especial relación con José Francisco Peña Gómez cuya gestión en la alcaldía capitalina apoyó.
Su muerte fue el primer magnicidio que veía su país en 200 años y conmocionó a la sociedad. Tanto por la dimensión política de quien gobernó 11 años como la dolorosa realización de lo poco preparados que estaban para investigar un hecho de semejante magnitud.
Hubo un primer condenado que luego fue absuelto de manera unánime por falta de pruebas irrefutables. Más tarde las investigaciones llevaron a concluir que había sido otro hombre el responsable, pero el individuo se había suicidado 20 años antes así que aunque el caso fue cerrado tres décadas después, persisten dudas muy serias sobre la identidad del matador.
La escena del crimen no fue resguardada adecuadamente, la policía no supo bien que hacer con los miles de testimonios y el arma nunca fue recuperada. Recordemos que era un país sin casi nada de violencia sería, limitando la experiencia de las autoridades.
Pero más allá del misterio alrededor de su trágica muerte cuando salía del cine junto a su esposa Lisbeth, la huella política que dejó es enorme. Referente de una centroizquierda con identidad pero sin identitarismo.
Su nombre, a veces mal escrito, adorna una calle de la urbanización Los Prados en el Distrito Nacional de República Dominicana. País que no visitó, pero al cual le hizo múltiples donaciones en especie.
El gesto fue aprobado en ambas Cámaras del Congreso Nacional en 1995 con el voto favorable de todos los partidos representados.