Un hombre migrante y sin hogar se acercó a un puesto de tacos y quiso pagarlos; pero el vendedor se negó a tomar el dinero, le preparó la comida y se la dio.
Luego descubrió que el hombre necesitaba un abrazo más que comida.
El México chingón
¿Acaso no les funciona el cerebro?
Mancillas, el porro priista recién llegado, creyó que el fuero era licencia para hacer el ridículo. Y se llevó la lección con el reglamento en la mano.
Apenas tomó protesta como representante del PRI ante el INE y ya se puso a interrumpir y a desviar el debate. Cuando el consejero Espadas le pidió dejar de fastidiar, el diputado le soltó: “Si está fastidiado, puede retirarse o dedicarse a otra cosa”.
Espadas no levantó la voz. Levantó el reglamento:
“Ser diputado no lo coloca por encima de la ley.
Usted está obligado a obedecer la norma.
Su fuero no lo libra de obedecer la norma.
Actitudes como las que usted presenta son las que desprestigian la valiosísima institución del fuero constitucional, diseñada para proteger la representación, no los excesos individuales.”
Y avisó que a partir de ese momento sería radical: reclamará mociones de orden y pedirá a la presidencia que lo meta en cintura hasta el límite del reglamento.
Guadalupe Taddei le leyó en voz alta lo que dice el reglamento: respeto y tolerancia obligatorios. Y que la presidencia puede pedir el auxilio de la fuerza pública para expulsar a quien altere la sesión.
No fue “censura��. Fue la norma aplicada a un porro que se creyó intocable.
El video queda.
El reglamento quedó en la mano.
Y la lección se la llevó el zoquete.
Entiende, Mancillas. Deja de ser tan ridículo. Bien sabemos toda que perteneces a una caterva de neonandertales y huérfanos morales. Entérate.