Reconocer que hemos dañado, lastimado, que han habido víctimas de nuestra neurosis, porque no, no siempre somos víctimas del otro. Un análisis posibilita ese pasaje
Escribí algo sobre la amistad y el té. He pensado mucho en cómo las amigas y la escritura nos sostienen. El encuentro entre escritura y amistad.
En fin, otro texto triste (acaso un poco más esperanzador):
https://t.co/Z1MQbWVLax
La incomodidad no siempre es algo de lo que haya que salir inmediatamente. A veces surge cuando una certeza comienza a resquebrajarse o cuando una forma de vivir, de amar o de pensarse ya no alcanza del todo. Entonces, ahí, puede estar la grieta por donde entra una pregunta, un hallazgo o una forma distinta de existir.
Respetar al otro es dar espacio a su misterio, no querer entenderlo todo ni nombrarlo todo. Porque algo siempre se escapa y el otro no se agota en nuestro saber.
con este pedacito de poema de Mary Oliver los y las invito a escuchar mi podcast ❤️ dedicado a Mary Oliver y a las ganas de huir al bosque: https://t.co/oRbkMbQRzc
De pronto pasa: pensar y escribir se acoplan.
Entonces, la escritura piensa y el pensamiento escribe.
Pero, al cabo, se entiende que no hay nada que pensar ni nada que escribir.
Como el mar que no piensa ni escribe.
Dibuja líneas de sal.
Escribe Clarice Lispector (1964) en "La Pasión según GH":
“Hará falta coraje para hacer lo que voy a hacer: decir.
Y arriesgarme a la enorme sorpresa que sentiré con la pobreza de la cosa dicha”.
El sentido de la propiedad resulta devastador.
No se trasmite el pensamiento de alguien, sino estadías en pensamientos que no pertenecen a nadie.
Pensar, a veces, consiste en pasar temporadas en una idea.
Y muchas otras en vagar y vagar sin encontrar refugio en nada.
Les compartimos un fragmento de la escritura de Anne Dufourmantelle, invitándonos a pensar que correr el riesgo del amor es correr el riesgo de la no pertenencia, de la no posesión.